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Ocho de la mañana, toca el despertador y me levanto, con algo de pereza. Una ducha bien caliente, para movilizar mi musculatura dolorida. Zumo, café con leche y tostadas, más el pak de pastillas mañaneras.
Un día de sol precioso, tiendo la colada que se hizo por la noche, y recojo un poco la habitación. Ya tengo que salir pitando al trabajo.
La una y media. He terminado mi jornada de mañana. El chiringuito de la playa me acoge a su sombra con una cerveza bien fría, un pincho de tortilla y un cigarrito. Hoy me espera mi nuera que ya está aquí hace un buen rato. Tengo el bañador puesto y estoy lista para pasar un par de horas al sol, o a la sombra de los árboles. Según me plazca. Yo me quedo entre sol y sombra, mi nuera al sol.
Dos horas y media de charla. Recogemos los bártulos y cada una a su casita. Ella a hacer la comida para cuando llegue mi hijo del trabajo. Yo a darme una ducha, comer algo rápido y vuelta al tajo.
Las cinco de la tarde. Me esperan dos horitas intensas, después tengo cena con mi hijo y mi nuera.
Pero antes, recogeré y plancharé la ropa que he tendido a la mañana. Trasplanto una planta de maceta pues se le ha quedado pequeña. Riego los gladiolos que están un poco mustios, y las margaritas. Preparo la mitad de la cena, así hemos quedado, la otra mitad la preparará ella.
Las nueve. Me acerco a casa de mi hijo, y me cuenta las últimas novedades de su trabajo. Acaba de empezar uno nuevo y tiene que ir amoldándose a él.
sigue……
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