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Pero aquí, desde la sombra,
donde amante la contemplo,
manchar no quiero del templo
con paso impuro la alfombra.
Al acercarme, en ligera
Procesión avergonzado,
¿No volaría el alado
pabellón de primavera?
¡Al reflejarme el espejo
que la copia entre albas hojas,
negras las tornara y rojas
de la lámpara al reflejo!
Dice que suele volar
por los espacios perdida
el alma, y en otra vida
sus alas puras bañar;
Dicen que vuelve a venir
a su cuerpo con la aurora,
para volver – ¡la traidora! –
con cada noche a partir,
Y si su espíritu en leda
beatitud los cielos hiende,
de esa mujer que se extiende
bella ante mí ¿qué me queda?
Blanco cuerpo, línea fría.
Molde hueco, vaso roto,
¡y viajera por lo ignoto
La luz que los encendía!
Y ¿a mí que tanto te quiero,
delicada peregrina,
turbar la marcha divina
de tu espíritu viajero? –
¡Duerme entre tus blancas galas!
¡Duerme mariposa mía!
Vuela bien: – ¡Mi mano impía no irá a cortarte las alas!
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