 |
¿habéis pensado alguna vez en ese vagabundo de playa, que las recorre a diario, bajo un sol abrasador, con camisa, chaqueta, pantalón largo y mochila al hombro?
Va parándose en los chiringuitos, pidiendo algo de comer y un mucho que beber para apaciguar ese hambre ruin y esa sed tirana que le reseca la garganta. A veces su petición es oída y correspondida y, otras, con esa contestación que aparece más arriba : “QUE DIOS LE AMPARE”.
Sigue su peregrinar lento, topándose con algún chiquillo, que sale corriendo, asustado y huyendo de un ser tan extraño en ese lugar, para cobijarse junto a su familia
Así un día y otro, cabizbajo y ojos llorosos, molestos por el sol y el fuerte viento que azota su organismo y resquebraja su dermis..
|