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Los médicos le dijeron a la perseverante madre que aquel aliento de vida era sólo un acto reflejo, que no había vida en su hijo, pero Kate siguió dándole cariño e incluso comenzó a alimentarlo con leche de su pecho, ayudándose de su dedo para llevar el alimento a la boca de su bebé.
Al poco, el pequeño se movió y abrió los ojos, ante el asombro de los médicos, que no paraban de repetir “no puedo creerlo, no puedo creerlo”. La fuerza seguía fluyendo de la madre al hijo y éste comenzó a mover la cabeza de un lado al otro y agarró con sus diminutas manitas el dedo de su madre.
Cinco meses después el pequeño Jamie está sano y fuerte y sus padres han recorrido varios programas de televisión australianos recomendando e informando sobre las técnicas de reanimación y estimulación para bebés prematuros basados en el contacto de la piel de la madre y el niño, que han demostrado ser, dicen “muy efectivas”.
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