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Al tiempo al loro lo sube el dueño con una jaula al quinto piso y lo pone en la terraza.
Desde allí ve en la otra calle un jaula con una lorita dentro
- ¡Bueno… aquí hay negocio!…, aquí hay negocio
Abre la jaula y echa a andar por un cable de teléfono que unía las dos casas…
- Hola lorita te apetece un Kiqui
- Jo tío… creía que no me lo ibas a pedir nunca…
Anda… que pierden el tiempo los loros…
Así un día y otro…
Hasta que el dueño de la lorita le vio un día y dijo
- Ya no te vas a trajinar más a mi lorita…
Conecto unos cables con corriente a 220 V a los de teléfono.
Al día siguiente el loro empezó a caminar por el cable y al llegar a los que tenían corriente le empezó a dar calambrazos y a entrarle temblequeos. Total que se vuelve a su jaula y se dice para el mismo
- ¡Joer veinte años yendo a loras y es la primera vez que me pongo nervioso…!
Ya se le quitaron las ganas de lora por un tiempo, el loro era un poco cabroncete y escucho un día a una señora de otro piso vocear por la ventana
“¡Butanero…Una al cuarto…!”, “¡Butanero…Una al cuarto…!”
Le hizo tanta gracia al loro que lo empezó a repetir al cabo de los días..
¡Butanero…una al cuarto…! ¡Butanero…una al cuarto…!
Un día estaba el del butano por allí y lo escucho
¡Butanero…una al cuarto…!
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