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El agua, transparente, nace de un manantial entre las piedras de un risco no demasiado alto.
La zona está cubierta de musgo, helechos y pequeñas flores de todos los colores.
Abajo, se forma un pequeño lago, no demasiado profundo, donde se puede tomar un baño, o colocarse bajo la cortina de agua, para recibirla desde arriba.
Me quedo contemplando su caída y la luz del sol, al atravesar las pequeñas gotas de agua, forma un precioso arco iris.
Tras él, difuminada, la figura de un ángel, mi ángel…
Me acerco lentamente a la orilla del lago, me llama con la mano extendida.
Decidida entro al agua mis pies cansados del camino y me coloco bajo la caída cristalina que arrastra la pesada carga que va conmigo.
La visión ha desaparecido, pero siento su presencia que me cobija y mi alegría se desborda.
Bailo bajo la cascada dejando que el sonido del agua al caer y la luz del arcoiris llenen mis sentidos, inundándome por dentro.
De aquí saldré renovada, con energías nuevas para seguir mi constante caminar.
Podré volver a mi cascada siempre que quiera.
Nicol
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