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Pero uno de los recuerdos má bonitos de mi vida fue cuando mis hijos me regalaron un Óscar que ponía “A la mejor madre del mundo”; tendrían entre 15 y 10 años y aún lo tengo en el comedor. Ahora que son grandes me lo esconden para que no lo vea la gente que viene a casa, pero yo tan pronto lo encuentro, lo vuelvo a poner en la repisa.
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