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¡Qué simple, qué elemental es tener un mal pensamiento! ¡Qué elemental resulta hacer un juicio! Pero ya es habitual. Ya, cuando hacemos un juicio, no le decimos al Señor: «No me dejes caer en la tentación». Ya damos como natural cometer juicios o enjuiciar actitudes o enjuiciar a personas o enjuiciar situaciones.
El Señor fue llevado al desierto para mostrarnos cómo actuar frente a la tentación y cómo vivir en medio del desierto del mundo.
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