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Pero El venció todas las tentaciones. En su actitud Dios era el primero y esa es la clave de la enseñanza del Señor: Dios primero. Y, por consiguiente, al decir: «No me dejes caer en la tentación», a mí personalmente me obliga a un severo discernimiento, habitual, constante, porque el engañador siempre como principio -usando el lenguaje coloquial- nos pasa gato por liebre, y basta que parezca liebre para que uno tenga que poner en juicio si no será gato, antes de caer en tentación.
Otra de las enseñanzas que nos ofrece el evangelio en este fragmento, parte de las palabras: «El Espíritu llevó a Jesús al desierto».
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