 |
Dime, dama del amanecer.
¿Qué has hecho de tú secreto?
Cuando nos conocimos, vendías sueños, eran bonitos sueños envueltos, en pañuelos de seda fina.
¡¡¡ Cosa que a mí me encantó!!!
Unimos nuestros caminos, tú me decías que el amor es cómo bonitos castillos de arena a la orilla del Mar, sí, muy bonitos, pero en un momento viene una ola y los deshace todo. Igual qué las aspas de los molinos las mueve el viento día a día, que así, debería ser nuestro amor, amor de día a día.
Recuerdo que eras sol, que fuiste lluvia y al mismo tiempo viento, y que añorabas con tú miradas perdidas el firmamento.
Yo sabía que tenías espíritu de ave emigratoria, y a pesar de ello, creí en tú palabras y me enamoré locamente de ti.
Vuelvo a recordar, aquellos días en sus amaneceres, con la luz del alba, cuándo me recitabas al oído tú bonitos poemas de amor, con tantos té quieros. Te agradaba refugiarte entre mis brazos, y mis primeros besos de la mañana me decías que los querías, con sabor a pasión.
Creo, que el viento volvió a cruzarse otra vez en tú camino, porque sin motivos ni previsión, el verano acabó, llegó el Invierno, y en una noche de Luna Llena, tú cuerpo se hizo otra vez amigo del viento, y voló…voló…voló…y mi sentimientos quedaron como un barco a la deriva, perdidos, sin vela, sin amarre sin timón.
¡¡¡A veces, nuestra felicidad depende, del envolvente que hemos elegido para envolver nuestros sueños!!!
Mario.
|