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La mayoría de los chavales renegaban de Dios y blasfemaban al mismo tiempo que respondían a los agentes encuestadores, e incluso se golpeaban a sí mismos en la espinilla para materializar su indignación. Las sucesivas reformas laborales y la impunidad de la banca y el clero ante la crisis parecen ser los motivos de su descontento.
Gobierno y Oposición ya han dicho que tendrán muy en cuenta estos resultados, y anuncian la elaboración urgente de un proyecto de ley que prohíba encuestar a los menores de siete años.
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