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Hubo lágrimas en los ojos del anciano. “¿Cómo le puedo agradecer? , preguntó.
“No me des las gracias”, respondió la mujer. “A Dios dale la gloria. El me trajo a ti.”
Fuera de la cafetería, el oficial y la mujer se detuvieron y antes de irse cada uno por su lado… “Gracias por toda su ayuda, oficial..” Dijo La Sra. Hernandez.
“Al contrario”, dijo el oficial, “Gracias a usted. Hoy vi un milagro, algo que nunca voy a olvidar. Y … Y gracias por el café. “…..
Que Dios te bendiga siempre y no te olvides que cuando tiramos el pan sobre las aguas, nunca sabes cuándo será devuelto a ti .. Dios es tan grande que puede cubrir todo el mundo con su amor y a la vez tan pequeño para entrar en tu corazón.
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