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Yo dormía un plácido sueño de años en mi rinconcito de la biblioteca. Mis páginas, amarillentas por el paso del tiempo, guardan una historia fantástica. No es que sea un libro muy importante, como esos otros que están en la estanteria principal, y que hablan de Historia, de Arte, de Grandes Temas de la Humanidad, yo solo cuento una pequeña historia de amor, eso sí, fantástica, como ya he dicho.
Estaba durmiendo, y sentí que de pronto, unas manos suaves me arrancaban de mi sueño, y delicadamente, iban volteando mis hojas una a una. Unos ojos azules, enmarcados en un rostro juvenil, pasaban su mirada rápidamente por cada renglón de mis páginas, y en un momento, los ví sonreír. Me cerró suavemente y sentí que me transportaban. Hacía mucho que no tenía aquella mágica sensación. ¿A dónde me llevarían?
Salimos a la calle, lo supe porque sentí como una ligera brisa, se colaba entre mis hojas haciéndome cosquillas, haciendo resbalar el polvillo acumulado durante años. Me imaginé un montón de sitios a los que podría ir, recordando tiempos pasados en que fui un libro de moda, y en los que nunca estaba ocioso… un jardín, la playa, la hierba de algún prado, un sillón en el rincón mas tranquilo de la casa, la sombra de algún árbol…, y entonces cambió la luz. Ya no estábamos en la calle, sino dentro de algún edificio; y volví a sentir aquella sensación que tanto me gustaba, el paso de unas manos a otras.
SIGUE…..
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