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Y tras la tormenta, una suave brisa trajo consigo el elixir a azahar de los limones en flor, con su penetrante olor que relaja todos los sentidos y abre las puertas a los corazones cerrados al amor. Elixir agradable, dulzón, entrañable y atractivo para una tierna noche de verano.
Después alejarse la tormenta con sus nubarrones, fue apareciendo la noche, con un cielo estrellado. Poco a poco fue luciendo en el firmamento, la luna creciente. Luna que cada vez que veo, envuelve mi alma él un pañuelo de seda azul y me trae el recuerdo, de la infinidad de intransitables romances con mi soledad.
Mario.
Nicol, ni por un asomo creo estar a tu altura.
Me ha gustado mucho lo haces muy bien.
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