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El padre era un sol.
El hijo menor se desenganchó de su órbita,
y empezó a volar y a correr hacía ninguna parte
alocado, sin cabeza ni entendimiento.
El padre sintió un desgarro el el corazón,
y la herida sangraba sin remedio.
No le importaba la herencia,
le importaban el frío y el silencio…
Cuando, perdida ya la esperanza, el hijo volvió
el Sol danzaba, llovían el nardo y los besos,
como en una pascua.
Aquella resurreción merecia vestidos y anillo nuevos,
y un banquete en condiciones, un baile exultante.
El otro hermano aguafiestas reconocido,
estaba calculando los gastos y las deudas:
este hermanito derrochó la herencia,
el Padre tira ahora la casa por la ventana,
el Padre me debe tanto…
Y el Padre volvía a sangrar.
su hijo mayor nunca lo ha querido, no tenía corazón
ahora se apagaba, se estaba muriendo por dentro.
Estaba allí, pero lejos, muy lejos,
y nunca volverá
porque tambíén estaba ciego.
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