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Celebramos a S. José, una fiesta humilde, como lo fue él; una fiesta merecida, porque, despues de su esposa María, nadie hay más grande.
José es una figura grandiosa, pero no lo parece. Infinitamente amado de Dios. Era justo,completo, enteramente humano, es todos los variados y bonitos aspecto de la palabra, desde la bomdad a la responsabilidad, desde la amistad a la sensibilidad…. y sencillez.
Es una nota suya muy destacada. Prefería escuchar a hablar. Tenía, claro, la Palabra a su lado. De él solo sabemos que dijera, seguro, una palabra, pero la más hermosa y viva: ¡Jesús! ¡ Cuántas veces la repetiría!
José bebía del manantial de las fuentes del amor. ¡Estaba tan cerca del manantial! Porque fue muy amado, por eso fue capacitado para mucho amar, con la mirada a María, a Jesús; con el roce…; baños de ternura y amor.
Un abrazo
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