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Ella no ha comprendido que el agua se vierte o se recoge, toda vez que el hombre atrapa una mariposa, para emprender vuelo por el camino al néctar de los elementos que surten heridas y esperanzas compartidas. Agua para conjuntar sueños, somnolencias, hostigantes veranos o inviernos bajo la ducha que diariamente se lleva lo que pudo haber sido y aún es en tardes y mañanas apretadas de frío.
La ventana desde la cual la anciana abarca la calle está en un segundo piso de una casa y afuera de ésta un jardín que quiere serlo pero no llega a ello pues la mano de la mujer no posee la savia de los elementos que se enamoran del colibrí, del cucarachero, de la tórtola, del nido que se calienta de plumas y gorjeos que buscan acoplamientos.
Jairo Restredo Galeano
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