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VIERON AL NIÑO CON mARÍA, SU MADRE, Y, CAYENDO DE RODILLAS, LO ADORARON
Admirable es la fe de los Magos, capaces de ver la estrella y seguirla tan decididamente, admirables aún más la fe de estos hombres cuando, al ocultarse la estrella, pusieron todos los medios a su alcance para encontrar el camino y la meta.
En la noche se prueba y se agranda la fe… No es extraño que, al volver aparecer la estrella amiga, sintieran una inmensa alegría… Todo está bien, Dios está ahí.
Vieron un niño, sólo un niño, pero sintieron que Dios estaba allí. Sintieron la experiencia del Dios cercano, que consuela y trasfigura. Fue una experiencia humana, pero suponía el principio de una nueva vida.
Estos Magos volvieron a su tierra como hombres nuevos, por caminos nuevos, con ideas nuevas, con esperanza nueva. Ya no buscarían más a los reyes de la tierra y ya no olvidarían más al niño, lo llevaban bien grabado en su corazón.
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