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Libra-Aire hace 8 años, 12 meses.
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ravi13saidLos grandes errores que han pasado a la posteridad de la historia Universal, nos llevan a celebrar cada año el llamado día de la Hispanidad. Este es el caso de Colón, un oscuro marino (si es que lo fue) que no supo más allá de cuando iba a las órdenes de los Coullones, piratas del mar,(posiblemente de ahí su nombre). No hay que dudar que dio al mundo un nuevo Continente que, por ironía de esta vida se le dio el nombre de América, porque en uno de los viajes al nuevo mundo, en compañía del vasco Juan de la Cosa y otros, iba Américo Vespusio, un italiano, empleado en unas oficinas de contratación en Sevilla, y se le ocurrió hacer un rústico mapa de aquellas tierras descubiertas por este extraño ciudadano que aún no se ha podido averiguar su nacionalidad: Gallego, italiano Judío y qué sé yo de cuantos sitios más se le arrogó su nacimiento. |
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ravi13saidEs cierto, Ardillita. Había y hay cumbres mayores, Cumbres de Enmedio, Cumbres de San Bartolomé, Cumbres de Abajo, Higuera la Real, Aracena, Jabugo, Castaño del Robledo y otros muchos que yo conozco, aunque a ellos fui trabajando con un camión frigorífico transportando jamones y carne sacrificada… Yo quisiera seguir así; sería señal de tener aquella edad. ¡Qué bonito es recordar! Y como tú dices. “Recuerdo de otra vida” |
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ArdillitasaidYo prefiero las tartas de comtesa |
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ArdillitasaidTu ensoñación me ha hechoe vocar un viaje que realicé a esas tierras que describes y que tanto has logrado igualar a mis pensamientos. Hace de esto… muchos años, y recierdo que Cumbres, por quellos pagos habían de arriba, de abajo y no se si de en medio. Visitaba la Cueva de Aracena, Cortegana, Jabugo y dormía en Encinasola. Recuerdos de mi otra vida. |
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ArdillitasaidJooo. Está mu bien, com pungía me he quedao. Yo normalmente cuando las cosas son largas, ya ni empiezo (es que soy pequeña) pero con estos versos me quedé enganchada y llegue has el final. Mu bonito. No se porque, cuando la versología andaluza no habla de panderetas y castañuelas, de luces y de fiesta, se me contrae el corazón y me salen a la boca cosas como: |
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la riá pitásaid(no es de la Riá ,es de un antiguo amigo) |
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la riá pitásaidBurlando ya mis penas, Y así de honores tantos como abundantes tragos |
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la riá pitásaidal delicado aspecto Y amor también que juegue Y allí Célida hermosa |
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la riá pitásaidoinnnn, ¡comosta er patioooo! ,Po no ,no soy esa. Pero….digo,…. Toma esa sucia plata, Hazme, platero, un vaso y sobre todo hazlo Ni el rayo que obediente, Ni el mentecato grave Graba mi rostro alegre |
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ravi13said¡A VER SI AHORA PUEDE SER! RAFAELITO TORPE Y “TONTO”. |
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ravi13saidPor la anamorfosis del retrovisor de la parte derecha del camión se veían agitarse unos deformes saludos: eran Dolores, Ramoncita y María, matanceras que habían intervenido en la descarga de mi vehículo, con las cuales tuve ocasión de charlar un rato y que ahora se despedían de mí, posiblemente queriendo decir: “Quien se pudiera ir con usted hasta Madrid”.Estos eran mis pensamientos de “adivino”. Pero yo pensaba para mí: quien pudiera vivir en un pueblo, donde todos se conocen, se quieren y casi todos son familia. Raya Villalba |
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ravi13saidLa mercancía que yo había transportado, ya había sido descargada, y por los ventanales de la alta cámara, veíanse colgadas las últimas piezas, que al tiempo, serían curadas por el fino viento de la sierra de Huelva donde, en su aroma lleva una fórmula exclusiva de esta provincia andaluza. Incapaz de fabricarse en laboratorio alguno… |
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ravi13saidLos débiles rayos del sol poniente se estrellaban en una ventana frontera donde, en su cristales se “multidividían” en un sin fin de extraños y bonitos colores. Al volver de la esquina, el herrador, en u cotidiana faena de calzar los cascos de otros cuadrúpedos que ya habían vuelto de la faena labriega, al compás de su martillo sobre el duro yunque, dando forma al calzado de metal que luego habría de pulirse sobre las piedras serreñas, canturreaba un triste martinete y, a su vez, echaba mano a la bota que, colgada detrás de la puerta de su miserable industria tenía, la empinaba hacia un nivel justo para que ésta vomitara el dorado líquido sobre su reseca garganta, en un corto trago, ayudándose a sobrellevar los muchos y largos de esta penosa vida… |
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ravi13saidNo sé cuanto tiempo había ocurrido en todo esto, pero ya era tarde cuando retornaba hacia el pueblo. El sol, de cobre y fuego, habíase tornado ya de rosa y malva; en la soledad de aquellos campos seguía reinando el silencio absoluto, y una nostalgia como de siglos atrás se apoderó de mi persona transportándome mucho más lejos que lo que yo hubiese imaginado. Continué caminando lentamente, y cundo iba llegando a las primeras casas del pueblo, había unas niñas jugando al “corro de la patata”, pero al advertir mi presencia se dispersaron como excitado enjambre y alguna de ellas dijo: “corramos aprisa que es un loco”. Reaccioné al oír tan ignorante insulto, y apartando a un lado mi dejadez, me revestí de ánimo y subí la calle diligente. |
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ravi13saidAl fondo del camino se oían hablar personas reales, verdaderas; quizá fueron éstas la que me distrajeron de poder hablar con aquellas “otras”. ¡Con lo a gusto que mi imaginación se encontraba hilvanando cosas a capricho! Cada vez se oían más cerca de donde yo me encontraba y sus palabras llegaban a mis oídos con más claridad. Reemprendí mi marcha algo enojado, y al salir de uno de aquellos vericuetos del camino, divisé a los protagonistas del momento: era una pareja de ancianos que venían comentando la gracias de sus nietezuelos. Entonces sentí gran emoción en mi pecho y me apresuré hacia ellos, olvidado de todo y acordándome de mucho. Cuando les vi de cerca, aumentó mi turbulencia emotiva, y cual si despertarse de un vano sueño, un misterioso temblor fijó su epicentro bajo las plantas de mis pies. Tuve que dejarme caer sobre las musgosas piedras de aquella muralla para no desplomarme atolondrado al suelo. Les contemplé a su paso con cierto disimulo y ellos, al pasar por mi altura dijeron: “¡Buenos días nos dé Dios!” Yo no recuerdo si pude contestar. Cuando ya se habían alejado un trecho, le oí murmurar al silencio de la soledad: “eete seráa otro señorito de esoo que no dán un jornaá a naide”… Saqué el pañuelo y me enjugué las lágrimas, y perdonándole su error, seguí muralla abajo perdonando también a mi imaginación. |
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