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Libra-Aire hace 8 años, 11 meses.
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ravisaidCUENTO DEL PUENTE ROMANO. Ya hacía unos día que había acampado allí una caravana de gitanos y como su oficio es andurrear por todos sitios con el fin de poder buscar los necesarios alimentos para su prole, unos iban para un sitio otros para otro y las mujeres ingeniándose en sus misteriosas sabidurías echando las cartas y leyendo las manos de las personas supersticiosas que se creen casi todo lo de este falso mundo. |
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ravisaidA NUESTRA PERRA “TASIA” En plena juventud, por tu ignorancia Populará un recuerdo en el ambiente R.L. |
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ravisaidY en nuestros campos, hermosos hasta en el estío, las gentes del pueblo organizaban fiestas muy gratas, en las que eran elementos indispensables el baile, la canción, el rasgueo de la guitarra, presentándose a la vista del observador, iluminados por la luna cuadros bellísimos de la verdadera Andalucía…..¡oh, qué tiempos, yo los viví! R.L. |
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ravisaidLos moradores de las casas de vecinos convertían en patio las calles para disfrutar del fresco. Delante de las puertas de sus amplios y viejos caserones, colocaban una fila de toscas sillas, fuera de las aceras para no interrumpir el tránsito del público, y arrellanadas en sus asientos las viejas dormitaban, las mozas se entretenían con las interminables y variadas charlas femeninas, y las parejas de novios alejadas de los demás contertulios rimaban en voz muy baja el eterno idilio de los amores. |
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ravisaidEstas reuniones concluían temprano porque era preciso madrugas para dedicarse a las tareas diarias, excepto los sábados en que, como día de vísperas de descanso, se podían prolongar indefinidamente y, en muchas ocasiones se dilataban hasta que el sereno, aquella figura típica, que también desapareció, anunciaba con su canto monótono que había mediado |
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ravisaidLAS NOCHES DE VERANO. ¡Qué típicas eran las noches de verano en Córdoba allá por los años 50 ó 60 del pasado siglo! Qué agradables transcurrían para el vecindario de esta ciudad, tranquila, silenciosa llena de poesía y de encantos indescriptibles. |
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ravisaidSe volvió para su casa, pero tenía tal desazón en su cuerpo, que no podía tirar de él. Las piernas le pesaban como si fuesen de plomo y arrastraba los pies con gran esfuerzo para poder caminar. Trochó por un pequeño parque arbolado que había antes de llegar a su barrio, pero no podía caminar, se sentó en un banco, y allí lloró a placer cuanto tuvo gana. Ante sus nublados ojos vio, cómo un soldado todo vestido de blanco se aproximaba a ella, y al querer levantarse del asiento con grandes esfuerzos, se le perdió de vista en unos instantes, pero ella intentó seguir los rastros de aquel fantasma, como marchamos todos a través de la esperanza de la vida, guiados por nuestros recuerdos, al encuentro de la ilusión. R.L. |
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ravisaidLlegó la hora del cine y allá se encaminó ella con cierta torpeza en sus piernas, porque aquel día había bregado mucho con la venta y ya, cada vez sus miembros estaban más debilitados por el trabajo y los sufrimientos… ¡O quizá era poco lo de su nieto! |
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ravisaidCuando llegó nuevamente el momento de que aparecía el soldado escribiendo sobre sus rodillas, ella exclamó toda nerviosa. Lo ve usted, está allí, es mi nieto, mi nieto! ¡Lo conoceré yo! Corrió nuevamente hacia la pantalla a saludar a su nieto, y si era posible a darle un montón de besos. |
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ravisaidPues a la noche siguiente se volvió a personar ante la taquilla pero ya “no había entradas”. |
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ravisaidAquel mismo día por la tarde se personó en su domicilio un agente de la Benemérita con un paquete, donde portaba las pocas pertenencias de aquel soldado que, según su abuela “trabajaba en el cine sin ella saberlo.” |
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ravisaidEn la amplia sala aquellas voces alarmaron al público asistente, imponiendo la mayoría silencio a aquella mujer que, con sus gritos acababa de romper. |
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ravisaidMuchas mañanas, cuando Carmen la verdulera llegaba a calentar motores con su copita de coñac, ya se encontraba allí el “filósofo” . El roce “clientelar” y el verse a diario en aquella taberna, les fue acercando a una mistad, llegando a tal punto que la verdulera se dejaba invitar por aquella figura extraña de hombre. Tanto llegaron a intimar que, un buen día, Carmen fue invitada por él a ver una película que proyectaban en otro barrio no muy lejos del de ellos. Era una película de propaganda guerrera en la que hablaban pestes del adversario, achacándole crímenes y atrocidades al enemigo. Se titulaba ésta “LAS TRICHERAS ENEMIGAS”. |
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ravisaidcatadura de don Quijote. Era alto, delgado, de rostro afilado cual fuese un indio, con una perilla de ralos hilos que, más que pelos parecían alambres. Siempre llevaba un libro bajo el brazo, el que nunca leía, pero los “inspirados” clientes de aquella taberna le habían puesto el apelativo de el “filósofo”; pues algunas frases hechas que él solía pronunciar, sacadas de cualquier libraco, los demás clientes, gente sencilla y analfabetos la mayoría, aquellas palabras del aquel hombre las tomaban como puras sentencias… |
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ravisaidEn su absoluta soledad, todas las madrugadas iba tirando de su carrito a los almacenes mayoristas a comprar su género. Lloviese, hiciera frío o cayeran rayos de punta, aquella inclemencia temporal tenía que soportarla para buscarse el pan diario, y aquel trabajo ya le iba pesando a la verdulera que su edad frisaba cerca de los setenta años. Aunque ella iba bien abrigada con su toquilla de lana y su bufanda de punto, no dejaba de sentir el frío invernal, por lo que no estaba de más tomarse una copita de coñac cuando pasaba por la taberna de Hidalgo, aquel hombre rechoncho y bonachón que a parte de su volumen abdominal, era una persona nerviosa y a penas podía dormir, causa por la que, a las cuatro de la mañana ya tenía su taberna abierta para atender a otros madrugadores. Allí a su taberna solía ir asimismo un asiduo cliente que, antes que apuntase el lucero del alba ya se encontraba en casa Hidalgo a tomarse su chicuela de aguardiente. Aquel sujeto tenía toda la |
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