› Foros › LIBROS Y POESÍA › CASA DE LAS LETRAS II … SI ERES O QUIERES SER ESCRITOR
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Errante hace 8 años, 6 meses.
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atardecer*said Lo disfruté, al principio con un poco de suspenso, luego me fui emocionando hasta llegué a ” sentir miedo ” |
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NixonsaidOLVIDEN QUE HEMOS TEMBLADO He regresado del cuerpo obnubilado El camino se ha deteriorado. Al regreso, arremango mis piernas, y las llevo Cansadas de respirarse, ahogadas de pasados. Dupla tibia, alba y sedentaria No recuerden el peso turbulento De una entrega cualquiera -O la sombra rítmica De una noche coja-. Es mejor olvidar que hemos temblado. -Será mejor que se finjan confundidas Y que no reconozcan en su seno El masoquismo que tanto les deleita-. Me disculpo con el cuerpo. impulso mis piernas pasmadas, Que se balancean en las sillas Y columpian lentamente su infancia . Las rodillas, que hace horas hablaban Miran hacia arriba Y ven mi cara inexpresiva -Descifrando silenciosa-, El instante en que cerraron sus labios. Mi locura de antaño Las ha secado, las ha engañado, -Urdo una trampa acuática- Y húmedas, mueren a mis pies Con llanto silencioso y salado. Daniela Luna |
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Nixonsaidjaja si, sii, tienes razón. Pero la felicidad es voluble, huidiza, digamos, rayando en bromista; ahí está lo interesante, cuando se aleja como la mara deja la playa sola para después inundarla…. |
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NixonsaidEsa búsqueda comulgando con la cometa es deliciosa. |
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NixonsaidAbrazado a su metralleta, el combatiente permanecía agazapado tras el porche del edificio de departamentos abandonado, deglutido por el tiempo. A lo lejos ya se escuchaba el rugir conocido de los motores del vuelo de las 18.40. Nix |
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NixonsaidBellísimo tu cuento Forever, me mantuvo pegado al monitor todo el tiempo; cosa extraña, no pude evitar el encender un cigarro, es que uno se ivolucra. Tu estilo es ligero de leer y delicioso. |
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atardecer*said…La felicidad es contemplar un día lluvioso, felicidad es oír la risa de un niño feliz, felicidad es disfrutar de un bello atardecer, ver la bella gama de colores cuando se oculta el sol, es mil cosas pequeñas y hermosas, no tiene nombre, fecha ni edad; simplemente es, porque la felicidad está puesta dentro de nosotros, y no hay que buscarla, sólo descubrirla y disfrutarla. No hay más secreto que ese. Un cariñoso abrazo y aprendamos a ser feliz.. Hasta otro momento. |
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conxasaid Tus ojos Ana Maria iza |
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atardecer*said Podría decir con toda propiedad amigo mío: ” He conocido el amor ( aunque se halla disfrazado ), He vivido intensamente, lo cual significa que he amado y también me han amado ( aunque me hallan engañado, no me dí cuenta en esos momentos). Entre dar y recibir amor, yo prefiero darlo; sin embargo, en el momento que es amor es mútuo, cuando ambos se aman más que así mismos, es lo máximo que se puede lograr. Bueno querido nix, hasta otro momento, creo que por hoy ha sido más que suficiente, un beso y abrazo tan grande como la distancia que nos separa. |
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atardecer*said He dado un recorrido por los foros que suelo frecuentar en ellos he dejado mi humilde aporte, pero he dejado para el final de mi recorrido el tuyo, dicen por ahí que el buen vino se deja para el final y eso, es este foro para mí: ” Un muy buen vino que me gusta saborear sin prisa alguna”. |
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foreversaid(y VI) Y cuando las vecinas consiguieron separarle de ella, fue al corral, montó su caballo y se fue no sabe donde ni durante cuanto tiempo. A la vuelta, su María estaba vestida como una novia. En el cementerio, todo el pueblo y sus hijos. Le instaron para que se fuera con ellos a la ciudad, ¿no se daban cuenta que su sitio estaba con su recuerdo? Tenía que regar sus macetas; planchar, con la mano, el tapetito, confeccionado por ella, del jarrón del comedor; estirar los visillos de la cocina; limpiar de polvo el retrato de su boda… y sentirla en cada rincón de la casa. Se sacudió la mano. El cigarrillo le quemaba. Volvió a coger el paquete de caldo y se lió uno nuevo. Sabía que no debía fumar, ¡cuántas veces se lo había repetido su Maria, obligándole a esconder el tabaco! Ahora, ya no importaba. No importaba nada. El agua seguía cayendo en el caño, y su mirada se mantenía -sin ver-, en la pared desconchada de la casa de enfrente. Forever (“grupo madrileño y de todas partes”) |
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foreversaid(sigue V) ¿Discusiones? Alguna habían tenido, pero ninguna llegó más allá; era suficiente con que le mirara con sus ojitos para convencerle sobre cualquier cosa, como cuando quiso cambiar la cocina baja por una de butano, cansada de estar tanto tiempo agachada. Corrió al banco e intentó poner en garantía una de sus tierras. El de la sucursal rió, no era necesario para tan pequeño importe. Lo devolvería con la próxima cosecha. Y ahora, su Maria estaba sola. Nunca más podría estrecharla entre sus brazos. Nunca más le calentaría sus pies eternamente fríos. No volvería a oír su voz, su risa, sus andares. Ya nadie le recordaría que tenía que ponerse una camisa limpia. Se fue sin ruido, sin molestar, muy propio de ella. Cayó, de repente, en el suelo embaldosado de la cocina. La llamó, dándole palmadas en el rostro, para que reaccionara. No respondió. Corrió como un loco calle arriba buscando ayuda. El médico acudió rápidamente para, mirándole a los ojos, entristecido, mover la cabeza negativamente. (sigue) |
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foreversaid(sigue IV) Y lista ¡ya lo creo que lo era! Cuando llegaron al pueblo los de la concentración parcelaria, si no hubiera sido por ella, le habrían adjudicado las peores tierras del pueblo. Sacó su genio –el de los gorrazos- y discutió con todo el mundo hasta conseguir evitarlo. Gracias a ella tenían unas tierras buenas, que les habían proporcionado los ingresos suficientes para no depender de nada ni de nadie. Después, los partos dolorosos. Le costaba parir. Por tres veces tuvo que pasar por ellos, y en todos, su corazón se le encogía cuando veía salir a la comadrona del pueblo, la tía Justina, que le miraba como si él fuera el único causante de tanto sufrimiento. Se criaron bien, con la abnegación de su María, siempre dispuestas a sacrificarse por sus hijos, y darles la educación que ellos no tuvieron. (sigue) |
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foreversaid(sigue III) En la boda, María estaba preciosa. No es que fuera guapa –reconocía que no lo era- pero para él era la mujer más bonita del mundo. Su vestido blanco, confeccionado por ella misma, contrastaba con su traje oscuro de novio, alquilado en la ciudad. Y cuando le levantó el velo para besarla, ¡ahora sí, delante de todo el mundo!, hubiera hecho cualquier locura, si no fuera porque ella le retiró, riéndose, con una mirada de promesa. . Además, había desarrollado unas buenas tetas y un buen culo ¡cómo tenía que ser una hembra! Esa noche, cuando se le entregó con todo amor y ofrecimiento, nunca la olvidará. Ya era suya, y para siempre. Y en las calles de la capital próxima, donde pasaron sus primeros días felices, pudo hacer ostentación de sus conocimientos de otras tierras, mientras ella le miraba embobada, enlazando sus manos con las suyas. Una nueva vida empezaba para ellos. El, trabajando las tierras, de sol a sol, con la seguridad de que, al volver a casa, su María la tendría en orden. Era muy limpia, y esas manos, ásperas, después de todo un día de fregar, de lavar, de pelar patatas, de atender a los animales del corral, se convertían en la más suave y deliciosa caricia cuando le tocaban. Dio otra calada, automáticamente, al cigarrillo a medio fumar. (sigue) |
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foreversaid(sigue II) —¿Quieres ser mi novia? Ni una palabra más, ni un beso, ni una sola caricia, mientras volvían al pueblo. El compromiso quedaba sellado. Después, paseos al atardecer por el camino de tierra que llegaba al pueblo cercano. Algún roce de manos. Algún beso furtivo en los campos de trigo. Alguna caricia -sin sobrepasar el límite que el sr. cura había impuesto-. Y, en lo silencios que aparecían cuando estaban juntos, él la pensaba y la deseaba. En la mili, recordaba sus lágrimas cuando se despidieron. Demasiado tiempo para estar separados, y el “tullo para siempre”, con el que terminaba sus cartas desde Melilla, le salía del alma. —¿Me serás fiel? No te liarás con alguna mora, que dicen que son muy guapas —le Nunca le dijo que allá, lejos, tuvo sus primeros encuentros amorosos. Estaba solo y la añoraba. Los dieciocho meses eran interminables. Se dejó llevar por sus compañeros de cuartel, cuando, en los fines de semana, daban rienda suelta a sus instintos. (sigue) |
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