Increiblemente hermoso; esto atrapa el alma, hechiza.
Un abrazo y gracias.
|
Tus bellos poemas siempre dejan en el paladar del alma un delicioso dulzor proveniente del mágico amargor de la nostalgia.
Un abrazo.
|
en Andalucia tienes tu casa para cuando gustes visitarnos,un abrazo
|
Me recuerda tanto al poema de Sabines que hace poco coloqué (el youtube) en el foro: “Los Amorosos”.
” Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota corno sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.”
|
Buenas tardes, ya, Navidad. Claro que sí, por allá nos vemos.
|
Bellísimo Palo, fue como hacer un viaje por el alma de esa Tierra llena de magia.
|
Hoy me sumí en aquella vieja idea de que el pasado y el futuro no existen, que sólo hay el presente eterno en un ir y venir frente al espejo.
Pero este poema, sobre todo en sus últimos versos, me ha hechizado
y sé que en un tiempo por venir
el recuerdo que me alienta
volará hacia la nada.
Un abrazo.
|
sur
olor
siesta
mujer
poesía
pellizco
lejanías
Averroes
desiertos
alhambras
Pablo Ruiz P.
semana santa
pueblos de cal
cuna de España
soledad húmeda
silencio generoso
escabel de Europa
Córdoba y Granada
M. de Falla y J. Turina
sangre y muerte: fiesta
dos mares en sus costas
ocho tribus la conforman
sólo un camino: El Rocío
latido inicial de América
Lorca, Alberti, Cernuda
los ojos más hermosos
columnas de Hércules
pétalos desvanecidos
desposada de olivos
sueños de bosques
luces con sombras
balcón de Africa
Úbeda y Baeza
Biblia y Corán
canta tu pena
mira al norte
manzanilla
Velázquez
tarthesos
cantares
Bécquer
señorío
caballo
Séneca
azahar
quejío
rejas
arte
luz
y ese acento único inconfundible andaluz
|
Por acá estoy para desearles alegría y felicidad, no se olviden de visitarme en mi foro, me gustaría compartir con Uds. Un abrazo
|
A través de mis ojos
inundados de lágrimas
contemplo la lluvia
de este sombrío otoño
se hace presente
a mi memoria
hermosos y cálidos
recuerdos de tu amor.
Todavía permaneces
aquí en mi remembranza
buscando las estrellas
que se esconden
y huyen en mi constante
demanda de tu presencia.
En esta noche que parece
fugada de algún sueño,
tal vez un ángel lo coloreo
cuando nos vio soñando.
Aunque en esta noche
me detenga a mirar
el cielo, y los luceros
estén ausentes,
yo te seguiré buscando,
para decirte
que no te he podido olvidar,
que te necesito.
|
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que nos vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos
|
No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy sólo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en el que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.
|
Todos los días rezo esta oración
al levantarme:
Oh Dios,
no me atormentes más.
Dime qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan,
igual, igual, que yo les interrogo a ellos.
Que tal vez te preguntan,
lo mismo que yo en vano perturbo
el silencio de tu invariable noche
con mi desgarradora interrogación.
Bajo la penumbra de las estrellas
y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,
me acechan ojos enemigos,
formas grotescas que me vigilan,
colores hirientes lazos me están tendiendo:
¡son monstruos,
estoy cercado de monstruos!
No me devoran.
Devoran mi reposo anhelado,
me hacen ser una angustia que se desarrolla a sí misma,
me hacen hombre,
monstruo entre monstruos.
No, ninguno tan horrible
como este Dámaso frenético,
como este amarillo ciempiés que hacia ti clama con todos sus tentáculos enloquecidos,
como esta bestia inmediata
transfundida en una angustia fluyente;
no, ninguno tan monstruoso
como esa alimaña que brama hacia ti,
como esa desgarrada incógnita
que ahora te increpa con gemidos articulados,
que ahora te dice:
«Oh Dios,
no me atormentes más,
dime qué significan
estos monstruos que me rodean
y este espanto íntimo que hacia ti gime en la noche.»
|
QUE MEJOR LOS DE MI TIERRA
LA BIEN PLANTADA
La torre de San Miguel
Garbo y planta de moza castellana,
lozana torre de granito ardiente,
mirador de la luna refulgente
cautiva del amor en tu ventana.
Cortejada del son en la mañana,
por la noche el Carrión besa tu frente
y en su espejo de plata transparente
admira tu hermosura soberana.
Bien planta te dicen y lo eres;
desvelada de lírico amores,
erguida majestad de piedra yerta,
pudiera ser el templo donde a Ceres
ofrenda la guirnalda de sus flores
el vergel perfumado de la huerta.
Roque Nieto Peña
|
Amiga, no te mueras.
Óyeme estas palabras que me salen ardiendo,
y que nadie diría si yo no las dijera.
Amiga, no te mueras.
Yo soy el que te espera en la estrellada noche.
El que bajo el sangriento sol poniente te espera.
Miro caer los frutos en la tierra sombría.
Miro bailar las gotas del rocío en las hierbas.
En la noche al espeso perfume de las rosas,
cuando danza la ronda de las sombras inmensas.
Bajo el cielo del Sur, el que te espera cuando
el aire de la tarde como una boca besa.
Amiga, no te mueras.
Yo soy el que cortó las guirnaldas rebeldes
para el lecho selvático fragante a sol y a selva.
El que trajo en los brazos jacintos amarillos.
Y rosas desgarradas. Y amapolas sangrientas.
El que cruzó los brazos por esperarte, ahora.
El que quebró sus arcos. El que dobló sus flechas.
Yo soy el que en los labios guarda sabor de uvas.
Racimos refregados. Mordeduras bermejas.
El que te llama desde las llanuras brotadas.
Yo soy el que en la hora del amor te desea.
El aire de la tarde cimbra las ramas altas.
Ebrio, mi corazón. bajo Dios, tambalea.
El río desatado rompe a llorar y a veces
se adelgaza su voz y se hace pura y trémula.
Retumba, atardecida, la queja azul del agua.
Amiga, no te mueras!
Yo soy el que te espera en la estrellada noche,
sobre las playas áureas, sobre las rubias eras.
El que cortó jacintos para tu lecho, y rosas.
Tendido entre las hierbas yo soy el que te espera!
|