Mi querido amigo Nixon, buenas noche y que mañana sea de ventura para ti que eres para mi una magnifica persona, te quiero mucho mi buen amigo, un beso a lo venezolano
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Este poema es una belleza , al menos a mi me produce una gran emoción su lectura….. Buesa en general siempre me gustó.
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….. Y así acaba este cuento, con la esperanza que un dia ……Este barco barado vuelva a echarse a la mar .
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Bello texto en verdad, me ha hecho ver hacia el tiempo por venir, ¡y de qué manera!
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heyyy navidad, cuánto tiempo, claro ahora vuelo a tu foro.
Un abrazo.
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Es bellísima esa red d imágenes. Es la noche, la ausencia y ese espacio penumbroso poblado por fantasmas.
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El puerto, con su largo letargo
su diadema de luces, y el viento…
Un abrazo y gracias por estos bellos versos.
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Apareciendo los luceros en el firmamento,
a la llegada de la noche no conseguía el sueño,
me parecía mentira, porque mis ojos cansados
buscaban cerrarse y no lo lograban.
Pasaba el tiempo y el reloj detuvo su marcha,
se le olvido que yo existía
y no tuvo compasión de mi dolor,
de mi soledad en mi triste alcoba,
en esta afligida noche sin tu presencia.
En esta noche de dolor no pude decirte
que te necesitaba y callé mi sufrimiento,
tranquilice a mi abatido corazón
para que cesara su llanto,
quería descansar pero no conseguía hacerlo,
deseaba dormir para poder soñar.
Fue la más larga y tormentosa noche,
esperando con anhelo disfrutar de un amanecer
con un sol brillante, que me regala calor
a mi desdichado y frío cuerpo,
la luna parecía paralizada en el cielo
bañando mi alma de desolación.
Continua…
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En espera de una nueva madrugada
rociada de esplendor,
mis deseos escapaban desnudos
al encuentro de tu cuerpo,
pero ya no estabas, habías viajado
lejos de mi noche sombría
en ese tiempo de anoche lo medía
con los latidos de mi cerebro que se multiplicaban
y dañaban como una lluvia de dagas
que se incrustaban en mi sentir
y me desgarraba mi voluntad
de una desesperación dolida
y de una muerte lenta.
Pero con la llegada de un nuevo día
por fin pude contemplar el divino sol naciente
pude comprobar que había dormido tiempos enteros,
y en una noche como esta te habías marchado
para viajar lejos de mis brazos
dejándoles más huérfanos,
más solos que nunca.
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No digas eso amiga, no por ilusionarnos somos tontas, eso no, lo que sucede es que a veces por buscar con ansiedad con quien compartir la soledad nos dejamos ilusionar, pero no importa amiga linda, aunque sea después un desengaño, nos debemos felicitar pues no fuimos cobardes para intentarlo una vez más. El tonto fue quien nos conoció y nos dejó partir, ése sí que perdió en verdad, nosotros ganamos experiencia, y disfrutamos, lo demás lo afrontamos y para adelante amiga querida, eso sí ahora con los ojitos bien abiertos y a disfrutar de las personas que nos rodean y nos quieren, sabes que acá estaré yo, un beso y hasta otro momento, muckkk, te quiero
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Viejo barco que supo que el confín no es redondo
en las noches siniestras y en las albas felices,
con las anclas hundidas más y más en el fondo
como si de las anclas le nacieran raíces.
Mástiles carcomidos donde las golondrinas
reposan el otoño, como un último ultraje;
timón con verdes costras de lepras submarinas
y brújula sin norte para morir un viaje.
Vientos del sur, o lluvias o locas primaveras,
que poco importa todo para los barcos viejos;
pero un escalofrío crujía en sus maderas
al zarpar otras naves y al perderse a lo lejos.
Allí, escuchando el himno de las resacas gordas,
vaivén de espumas negras que nunca finaliza,
se hubiera dicho un barco cargado hasta las bordas
con un gran contrabando funeral de ceniza.
Y allí estaba, en el puerto, con su largo letargo,
de proa hacia el olvido, muriendo hacia el poniente.
Y, sin embargo un día…Ah, un día, sin embargo,
Soplo un viento de rosas, maravillosamente.
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Era el sagrado soplo del amor que transfigura
los seres y las cosas en el tiempo sin fín
y le dió un casco nuevo con nueva arboladura
y nueve velas blancas al viejo bergantín.
Y así fue que en la gloria de una alegre mañana,
con la proa hacia el sueño y el timón al azar,
esta vez bajo el mando de gentíl capitana,
el bergantín sombrío se echó de nuevo al mar.
Y así acaba este cuento que es mas tuyo que mío,
tu, que escuchas mi cuento convertido en canción;
tu, gentil capitana del bergantín sombrío,
del bergantín sombrío que era mi corazón.
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Te contaré la historia del bergantín sombrío
que echó un día las anclas en la quietud de un puerto,
para ser en la turbia resaca del hastío,
el ataúd flotante de su pasado muerto.
Allí evocaba el luto de la insignia pirata
y las tripulaciones con su bárbaro coro,
en las fosforescencias de las noches de plata
y en el deslumbramiento de las tardes de oro.
Allí, en largos letargos bajo las nubes lentas,
entre un enloquecido revuelo de gaviotas,
adoraban el soplo brutal de las tormentas,
en sus podridos pliegues, las pobres velas rotas.
Abajo, en la sentina, mortecinos fanales,
moscas y telarañas y barriles flotando,
arriba en la cubierta, náufragos espectrales
agitando los puños hacia el puente de mando.
Ah, las islas del trópico, los dulces archipiélagos
para siempre en los mapas de la mala fortuna,
y un buque torvamente rondando los murciélagos
mientras las mariposas vuelan hacia la luna.
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Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante, pero cada vez menos….
Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te habré olvidado definitivamente
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
(Y quizá, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.)
Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosa,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
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Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.
Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizá, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.
Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré quizá: ” Qué linda es todavía.”
Tú quizá pensarás: ” Se está poniendo viejo ”
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.
o tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.
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