Se hizo notar, durante toda la noche, soplo con fuerza….
entraba por las rendijas de las ventanas, sin permiso
alguno.
En la amanecida llego la lluvia, junto con el humo
de la panaderia.
Juan acabo de encender su horno de piedra, lleno de leña
maderas de olivo y sarmientos de viñedos,
pronto estaria el pan, y pronto las primeras mujeres para
rocogerlo y preparar las viandas de sus hombres.
Ellos partirian al campo, en lo que seria una dura jornada,
con el frio y la lluvia como compañeros inseparables.
Rocio fue la primera en llegar….dos barritas niño….que
estoy arrecia de frio hijo.
Rafalito el hijo de juan, despacho a la mujer con una agradable sonrisa, tal y como en el era normal.
Agradable y educado, prestaba una buena ayuda a su padre en la panaderia.
Como siempre las vecinas tenian algo de que hablar entre ellas, siendo Dña. Maria la segunda en entrar al calentito recinto,
rapidamente saludo con un, buenos y santos dias,
Juan le contesto desde el interior…Santos y frescos,
Dña. Maria….si hijo si, y que asi sea por muchos años,
que para eso estamos ya mismo en navidad.
Cierto afirmo Rosario, al mismo tiempo que iniciaba un comentario de cuchicheo, casi en el oido de Maria….
se ha fijado vd, en los ademanes del niño…?
¿no le parece un poco rarito?
Eso no es nuevo Rosario, de muchos ya es conocido que
Rafalito es de…ya me entiende Vd.
Que pena verdad…?
Si una autentica desgracia,! pero asi es la vida.
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EL MAR, MI QUERIDO ESAGA, QUISIERA QUE ME TRAGARA COMO EN UN POEMA SE TRAGO A UN MARINERO.
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NO SE PREOCUPE POR EL DESASTRE AMIGO.. ESTA ES SU CASA.
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PERDON POR EL DESASTRE QUE SIGUE. ESAGA
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Hoy he vuelto del baño
con las carnes tostadas por el aire y el sol;
con los cabellos polvoreados de arena.
A mis oídos traigo pegado un caracol
donde la mar resuena
con su perenne arrastre de zumbidos.
Traigo toda la mar en los oídos…
Al salir a la playa,
obstinada la mar me perseguía
con el blanco mordisco de su espuma.
De su seno emergía
desnudándome de agua y arrastrando
detrás de mí jirones de la fría
túnica de sus ondas. Cuando
un nuevo paso hacia la orilla daba,
parecía que tras de mí tiraba
de todo el mar que me siguió bramando.
Se desprendía de mis carnes, roto
en gotas que bañaban las arenas
y evaporaba el sol con el castigo
de sus irradiaciones,
inyecciones de vértigo en mis venas ;
pero el hecho es que el mar salió conmigo
y aquí lo traigo en las palpitaciones
de mis carnes morenas.
Siento en mis labios el sabor salobre
de sus besos, y sobre
mi piel velluda el enconado diente
del sol; y además siento
rozar la tibia comba de mi frente
el aletazo rítmico del viento.
El mar me ha perseguido con su aliento.
Lo siento a mis cabellos adherido;
de todo el mar se penetró mi vida;
por mi epidermis su contacto pasa,
y siento a ese contacto renacida
mi fuerza espiritual, como una brasa.
Su clamor, su clamor muerde mi oído…
Es que el mar me ha seguido
como un perro fantástico hasta casa.
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