Continuo…
Esos premios Nobel, esas grandes personas, creo que, en su interior hubieran preferido como premio que el resto hubiéramos tomado su ejemplo, haber puesto nuestro grano de arena para un mundo mejor y no una medalla.
Cuantas personas fueron como ellos y no son recordadas por que murieron en el anonimato o aún siguen en el.
Parece que, el entregar esos premios, más que ser un reconocimiento es una forma de expiar nuestros pecados y nuestro mal hacer.
Pienso que la labor de estos Nobel de la paz debiera ser el deber de todo ser humano y no una proeza.
Ayer se recordó el cumpleaños de Nelson Mandela, precisamente por sus actos y por su merecido Nobel de la Paz, si no, hubiera pasado desapercibido, como el del resto de los mortales. Así como los Nobel, por ejemplo, de Tawakklu Karman, Barack Obama, Al Gore, Jimmy Carter, Yasir Arafat, El XVI Dalai Lama, Madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King y muchisimos más, todos ellos grandes hombres y mujeres. Pienso que hay tres “niveles” de hacer las cosas: mal o no hacer nada, bien o lo que el deber nos obliga, o actuar por encima de nuestro deber. Creo que todo ser humano tiene el deber de actuar por el bien propio y global; un gran poder requiere una gran responsabilidad y ese poder es nuestra inteligencia que nos hace estar por encima del resto de los seres sobre el planeta. Hacemos uso de ese poder sin ninguna responsabilidad. Alzamos y damos grandes premios a los que, simplemente, son responsables y cumplen con su deber y al que actuó por encima de su deber con sacrificio y entrega, hicimos precisamente eso, sacrificarlo.
Anónimo
said
Muy simpática ésta copla … La recuerdo cantada por Concha Piquer, pero Gloria Romero hace una versión genial. ¡Gracias Coplerita! Y te repito ¡bienvenida al foro!
Adios, amor, buen viaje!
¡Adios, que lo pases bien!
¡Recuerdos a tu familia!
Al llegar, escríbeme
No te olvides del retrato
mandame la ilustración
y no olvides que te espera
La niña de la estación.
Recitado: Mi carta que es feliz, pues fue a buscaros
cuenta os dará de la memoria mia,
aquella mujer soy que de esperaros,
se quedó en la estación helada y fria.
Pasaron meses y meses, y aquel galán no volvió
y Adelina se ha casado, con el jefe de estación
pero con tan mala suerte, que a los dos días del hecho
murió su pobre marido, de dos anginas de pecho.
Y la pobre medio loca, creyéndose en la estación
cuando ya se lo llevaban, así al fiambre cantó.
Adios, amor, buen viaje!
¡Adios, que lo pases bien!
¡Recuerdos a tu familia!
Al llegar, escríbeme
No te olvides del retrato
mamdame la ilustración
y no tardes, amor mío
que hace frio en la estación
Recitado: Los suspiros son aire y van al aire,
las lágrimas son agua y van al mar,
dime mujer: cuando un hombre se pira, ¿sabes tú adonde va?
Bajaba todos los días, de su casa a la estación
con un libro entre las manos, de Becquer o Campoamor
era delgada y morena, era de cintura fina
y era más cursi que un guante, la señorita Adelina
Y como ver pasar trenes, era toda su pasión
en el pueblo la llamaban La niña de la estación
¡Adios, señor, buen viaje!
¡Adios, que lo pase bien!
¡recuerdos a la familia!
al llegar escríbame
no se olvide la sombrilla
mandeme la ilustración
y no olviden que me llaman
La niña de la estación
Recitado: Volverán las oscuras golondrinas
en mi balcón sus nidos a colgar,
pero aquel ambulante de correos,
aquel, no volverá.
Descarriló el tren expreso
una mañana de abril
y aquel descarrilamiento
hizo a Adelina feliz
ella vendole la frente
y lo cuidó como a un niño
y él que era guapo y valiente
jurole eterno cariño.
Y luego cuando a la noche
viole partir en el tren
con voz de carne membrillo
asi le dijo al doncel:
Anónimo
said
Anónimo
said
¡No interrupes amigo Rimo!, gozar de la copla tambien es reflexión… filosofia pura, y a veces dura pero eso es lo que la hace tan entrañable…
¡Bueno, abrir el foro hoy a sido para mi, como cuando abro las ventanas… y me dá en la cara el fresco suave y dinámico de la mañana… ¡¡Aire nuevo que traspasa los muros de la piel y lo limpia todo!!
Siento interrumpir la música y la copla, a veces uno se confunde, necesita liberarse, volar, soñar, cuando escucho a este argentino universal y genial; me libera, me hago mas liviano, un reseteo de vez en cuando no viene mal, me limpia los filtros que me impedián aspirar los aromas y ver toda la belleza que nos rodea.
No estaría nada mal que intentemos reflexionar a la par que gozamos de la copla.
Facundo Cabral, HAY ALGUIEN MAS GENIAL QUE EL, SIEMPRE ESTARÁ PRESENTE.
Cantante, compositor, escritor y dibujante argentino, cuyas presentaciones son noches de poesía , filosofía, música, revestidas de anécdotas e historias.
Añadiría también la de ser un profeta de LUZ Y ESPIRITUALIDAD.
Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruya hay millones de caricias que alimenta a la vida.
Perdona a todos y perdónate a ti mismo, no hay liberación más grande que el perdón; no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza, y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica (agotadora y vana tarea), que te hace juez y cómplice de lo que te disgusta.
El bien y el mal viven dentro tuyo, alimenta más al bien para que sea el vencedor cada vez que tengan que enfrentarse. Lo que llamamos problemas son lecciones, por eso nada de lo que nos sucede es en vano
UN MAESTRO SIN DUDA, nos dejó un legado para transitar por los caminos de la felicidad, el amor y la justicia, para vivir la vida en plenitud en armonía con el prójimo y la naturaleza.
Con un clavel grana sangrando en la boca,
con una varita de mimbre en la mano,
por una vereda que llega hasta el río,
iba Antonio Vargas Heredia, el gitano.
Entre los naranjos, la luna lunera,
ponía en su frente su luz de azahar,
Y cuando apuntaban las claras del día
llevaba reflejos del verde olivar.
Del verde olivar.
Antonio Vargas Heredia,
flor de la raza calé,
cayó el mimbre de tu mano,
y de tu boca el clavel.
Y de tu boca el clavel.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí,
las mocitas de Sierra Morena,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Antonio Vargas Heredia,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Era Antonio Vargas Heredia, el gitano,
el más arrogante y el mejor plantao.
Y por los contornos de Sierra Morena
no lo hubo más bueno, más guapo y honrao.
Pero por culpita de una hembra gitana,
su faca en el pecho de un hombre se hundió.
Los celos malditos nublaron sus ojos,
y preso en la trena de rabia lloró.
De rabia lloró.
Antonio Vargas Heredia,
flor de la raza calé,
cayó el mimbre de tu mano,
y de tu boca el clavel.
Y de tu boca el clavel.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí,
las mocitas de Sierra Morena,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Antonio Vargas Heredia,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Con un clavel grana sangrando en la boca,
con una varita de mimbre en la mano,
por una vereda que llega hasta el río,
iba Antonio Vargas Heredia, el gitano.
Entre los naranjos, la luna lunera,
ponía en su frente su luz de azahar,
Y cuando apuntaban las claras del día
llevaba reflejos del verde olivar.
Del verde olivar.
Antonio Vargas Heredia,
flor de la raza calé,
cayó el mimbre de tu mano,
y de tu boca el clavel.
Y de tu boca el clavel.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí,
las mocitas de Sierra Morena,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Antonio Vargas Heredia,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Era Antonio Vargas Heredia, el gitano,
el más arrogante y el mejor plantao.
Y por los contornos de Sierra Morena
no lo hubo más bueno, más guapo y honrao.
Pero por culpita de una hembra gitana,
su faca en el pecho de un hombre se hundió.
Los celos malditos nublaron sus ojos,
y preso en la trena de rabia lloró.
De rabia lloró.
Antonio Vargas Heredia,
flor de la raza calé,
cayó el mimbre de tu mano,
y de tu boca el clavel.
Y de tu boca el clavel.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí,
las mocitas de Sierra Morena,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Antonio Vargas Heredia,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Con un clavel grana sangrando en la boca,
con una varita de mimbre en la mano,
por una vereda que llega hasta el río,
iba Antonio Vargas Heredia, el gitano.
Entre los naranjos, la luna lunera,
ponía en su frente su luz de azahar,
Y cuando apuntaban las claras del día
llevaba reflejos del verde olivar.
Del verde olivar.
Antonio Vargas Heredia,
flor de la raza calé,
cayó el mimbre de tu mano,
y de tu boca el clavel.
Y de tu boca el clavel.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí,
las mocitas de Sierra Morena,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Antonio Vargas Heredia,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Era Antonio Vargas Heredia, el gitano,
el más arrogante y el mejor plantao.
Y por los contornos de Sierra Morena
no lo hubo más bueno, más guapo y honrao.
Pero por culpita de una hembra gitana,
su faca en el pecho de un hombre se hundió.
Los celos malditos nublaron sus ojos,
y preso en la trena de rabia lloró.
De rabia lloró.
Antonio Vargas Heredia,
flor de la raza calé,
cayó el mimbre de tu mano,
y de tu boca el clavel.
Y de tu boca el clavel.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí.
De Puente Genil a Lucena,
y de Loja a Benamejí,
las mocitas de Sierra Morena,
se mueren de pena,
llorando por ti.
Antonio Vargas Heredia,
se mueren de pena,
llorando por ti.
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