Un vasco que ha entrado en una tasca y está charlando con el barman…
- Ay Patxi, venga ponme veinte xupitos ahí en línea. Si es que nosotros los vascos, siempre tan exageraos, y a lo bestia asi en plan macho, yendo de duros, pero me parece a mi que a la hora de la verdad, na de na… que de lo que contamos… ni la tercera parte.
- ¿Como que no, Josetxu?. Pues claro que si, oyes.
- Ya, claro…
- Aibalahostia que no ¡. Bueno, vamos a ver. Tu, Josetxu ¿cuantas veces follas a la semana?
- Pues mira, yo siete veces.
- Ahh! … Ahi te he pillao. Ves, yo lo hago catorce veces a la semana.
- Si claro, pero tu eres camarero, Patxi.
- Bueno andapues, ¿y esto que tiene que ver?
- Coño, pues que yo soy el parroco de Basauri ¡¡.
¡Ay, pena, penita, pena
de nuestro amor en silencio!
¡Ay, qué alegría, alegría
quererte como te quiero!
Cuando por la noche a solas,
me quedo con tu recuerdo,
derribaría la pared
que separa nuestro sueño.
Rompería con mis manos
de tu cancela los hierros
con tal de verme a tu vera,
tormento de mis tormentos,
y te estaría besando
hasta quitarte el aliento.
Y luego… ¡qué se me da
quedarme en tus brazos, muerto!…
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!
Nuestro amor es agonía,
luto, angustia, llanto, miedo,
muerte, pena, sangre, vida,
luna, rosa, sol y viento.
Es morirse a cada paso
y seguir viviendo, luego,
con una espada de punta
siempre pendiente del techo.
(Rafael de León 1908-1982)
Por la garganta me sube
un río de sangre fresco,
de la herida que atraviesa,
de parte a parte mi cuerpo.
Tengo clavos en las manos,
y cuchillos en los dedos,
y en mi sien, una corona
hecha de alfileres negros.
Mira cómo se me pone
la piel ca vez que me acuerdo
que soy un hombre casao
¡y sin embargo, te quiero!
Entre tu casa y mi casa
hay un muro de silencio;
de ortigas y de chumberas,
de cal de arenas y de viento,
de madreselvas oscuras
y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca
lo pueda saltar el pueblo,
que anda rondando la llave
que guarda nuestro secreto.
Y yo bien sé que me quieres,
y tú sabes que te quiero,
y lo sabemos los dos,
y nadie puede saberlo…
Salgo de mi casa al campo
sólo con tu pensamiento,
por acariciar a solas
la tela de aquel pañuelo
que se te cayó un domingo
cuando venías del pueblo,
y que no te he dicho nunca,
mi vida, que yo lo tengo;
y lo estrujo entre mis manos
lo mismo que un limón nuevo,
y miro tus iniciales,
y las repito en silencio
para que ni el campo sepa
lo que yo te estoy queriendo…
Ayer, en la Plaza Nueva,
- vida, no vuelvas a hacerlo-
te vi besar a mi niño,
a mi niño, el más pequeño,
y cómo lo besarías,
¡ay, Virgen de los Remedios!
que fue la primera vez
que a mí distes un beso.
Llegué corriendo a mi casa
alcé mi niño del suelo
y, sin que nadie me viera,
como un ladrón en acecho,
en su cara de amapola
mordió mi boca tu beso,
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!
Mira: pase lo que pase,
aunque se hunda el firmamento,
aunque tu nombre y el mío
lo pisoteen por el suelo,
y aunque la tierra se abra,
aun cuando lo sepa el pueblo
y pongan nuestra bandera
de amor a los cuatro vientos,
¡sígueme queriendo así
tormento de mis tormentos!
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!
Daría cualquier cosa para estar contigo
daría cualquier cosa por volverte a ver
en ese apartamento hoy
donde no alumbra el sol caliente y sopla el viento
daría cualquier cosa por volverte a ver
Daría cualquier cosa por sentir tu cuerpo
daría cualquier cosa por tenerte cerca otra vez
y acariciar tu espalda
mientras te vas tendiendo suave, delicada,
daría cualquier cosa por volverte a ver
Enamorado del amor, no sé vivir sin ti,
a solas con mi soledad
Te echo de menos de verdad
sintiéndote alejar por mí
Enamorado del amor buscando tu calor
encuentro oscuridad y frío
daría cualquier cosa por estar contigo
Daría cualquier cosa por llamarte ahora,
daría cualquier cosa por oír tu voz,
al otro lado del teléfono
para arreglar mi tonta vida, deprimida
daría cualquier cosa por volverte a ver
Enamorado del amor, no sé vivir sin ti,
a solas con mi soledad
Te echo de menos de verdad
sintiéndote alejar por mí
Enamorado del amor buscando tu calor
encuentro oscuridad y frío
daría cualquier cosa por estar contigo…
Hoy me levanté temprano, me puse los pantalones, me vestí lentamente, hice café, agarre mis palos de golf, me fui silenciosamente al garaje, puse los palos en el coche, y procedí a sacar el coche del garaje bajo una lluvia torrencial.
Estaba toda la calle inundada y el viento gélido soplaba a 100 kph.
Volví a entrar el coche en el garaje, puse la radio y me enteré de que el mal tiempo iba a durar todo el día.
Que decepción!
Entré de nuevo en mi casa, me desvestí silenciosamente y me deslicé dentro de la cama.
Despacito me arrunché contra la espalda de mi mujer, le puse la mano en la nalga y le susurré al oído: ‘El tiempo afuera está horrible’.
Ella me contestó medio dormida:
‘Ya lo sé. ¿Puedes creer que el idiota de mi marido se fue a jugar golf?
‘Nota: También se aplica para los que salen a correr temprano, a caminar, al gimnasio… etc.