El día que llegastes junto ami,
dejastes tu equipaje en un rincón,
pusistes tu mirada sobre mi
y luego te instalaste en mi sillón.
A veces, en la noche te escuché,
cruzando de puntillas el salón
y hoy en la mañana, me desperté
y estabas dentro de mi corazón.
Buenos días, TRISTEZA, siéntate junto a mi.
cuéntame si conoces a alguien que sea feliz,
dime cómo se llama, cuéntamelo , por favor,
pero nunca me digas , que su nombre es AMOR.
El día que llegaste junto a mi,
volaron todos los sueños ala vez,
los tuyos que lucharon por vivir,
los mios que murieron sin querer.
Pero ahora, estoy contigo, ya lo ves,
me estoy acostumbrando a verte aquí,
a veces entonando una canción,
a veces cominando por ahí
Cuando recibas
el calor del sol en tu piel
son mis manos que
acarician tu cuerpo
dándole ternura.
Cuando escuches
el sonido del viento
es mi voz que te susurra
quedito al oído
diciéndote cuanto
aun te amo.
Cuando percibas
la suave brisa en tus labios
son los míos que
te besan a pesar
de esta muy distante,
en la inmensidad del mundo,
al otro lado del mar.
Cuando sientas
la lluvia mojándote el rostro
son mis lágrimas
que no han dejado
de brotar por tu ausencia.
Cuando experimentes
la soledad solamente
así comprenderás
que ya no estaré
a tu lado, que ya
me habré marchado
de tus sueños,
y que solo existiré
en tu pasado.
Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.
No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.
Mi amiga Conxa, no te tengo olvidada, lo sucedido es que estoy delicada de salud, volvere pronto si Dios quiere, dile a Nixon que es lo que me pasa. un beso
Siempre pénse, que la nada era algo,
que donde nada habia,
algo alli se encontraba.!
que donde el siencio se escucha…duerme la nada.!
en lugar escondido…algo se guarda.!
cada nuevo momento es esperanza,
de quien espera con prisa…nueva llegada,
de otro tiempo mejor.?
mejor que nada.!
nada tu eres algo…o no eres nada?
que mas da Conxa querida, saber de nada,
si el Big Bang fue cierto…o no fue nada,
que sea lo que sea,
algo ahi aguarda.!
en el rincon del tiemo…donde algo espera nada.
No estuviste aquí cuando yo
era brisa de tus cabellos,
y menos los labios que acariciaba
tus atardeceres
No estuviste para laurearte
las ilusiones, ni ceñirte a las desdichas,
para marchitar los ojos,
para descansar en mi cuerpo
Tus pasos desconocían
el río mágico de mi pasión,
sus piedras abrieron otros rumbos
de sus bravías aguas
para extinguir el ardor de otro cuerpo
Una mañana de primavera
este río mágico
me envió a ti y mi corazón
se ahogo en tus palabras,
en tus poemas,
en tus labios,
y al observarte conservé la calma
y me atreví a mirarte
aunque fuese en la distancia
Donde estas ahora?
Dónde estás sin mi?
mis pasos se quedaron
a contar los tuyos,
buscar los parajes y caminos
que muchas veces me llevaron
lejos de mí,
lejos de ti,
lejos de la vida
Tengo la esperanza
que saldrás a buscarme
en los jardines en flor,
yo estaré ahí esperándote,
y aunque tus ojos no tengan brillo,
los míos serán la lámpara
que te alumbren en la oscuridad,
y al encontrarme yo seguiré siendo
tu alba y tu sueño
Hay quien la soledad la atrapó desprevenida y, casi sin darse cuenta, se descubrió rodeada de ausencias. Hay quien ama la soledad por aquello de… ” vale más malo conocido…” Yo amo la soledad de mi, para mí, en esplendor del bullicio.
Me hace muy feliz ver que no olvidas tu casa, Nousica.
Un petó.
De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.
Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.
Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.
Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.
Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.
Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?
Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.
Aun corazón no se le pregunta,
si escucho el sonido del mar
con aquel beso,
si siente la luna sobre su cuerpo,
si navego por mares y firmamentos,
aun corazón se le pregunta,
si ama, si busca,
si siente un palpital de fiebre,
a un corazón no se le pregunta,
si busca mañanas llenas de luna,
si cada noche se viste
de sueños y fantasias,
aun corazón se le pregunta,
si la soledad muere,
y el olvido resucita,
aun corazón no se le pregunta,
por una tierna sonrisa,
tampoco por una lágrima perdida,
a un corazón se le pregunta,
porque cada adiós es una herida,
y cada llegada una partida,
aun corazón no se le pregunta,
porque muere y resucita