Habían pasado ya dos años, cuando, viendo los reyes castellanos la inutilidad de aquel prolongado encierro, devolvieron a D. Gaspar a su palacio sanluqueño, enviando con él toda suerte de espías, con el fin de que vigilaran sus andanzas día y noche e intentaran descubrir los trucos que sin duda habría de utilizar para recuperar su arruinada hacienda.
Los abandonados jardines de su alcázar sanluqueño se habían convertido mientras tanto en un agreste campo de jaramagos y los otrora luminosos y brillantes salones del palacio languidecían cubiertos de polvo y de humedad.
Cual si de un milagro se tratase, nadie puede asegurar que su vecina la Virgen de la O no le echara una mano, pocos meses después, el Ducado de Medinasidonia recuperaba su pasado esplendor. Don Gaspar veía cómo de nuevo llamaban a las puertas de su palacio los más ricos comerciantes del mundo y cómo bajo sus asientos el ratoncillo “colorao” volvía a indicar al Duque con la flecha de su rabito, cual de aquellos comerciantes portaba el mejor cargamento.
Una vieja sirvienta, que venía observando las ratoniles correrías, intentaba en vano acabar con él persiguiéndolo con una escoba.
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.- EL RATON DEL PALACIO
Debió ser allá por el año 1639, a cierta edad comienza a gastar bromas la memoria, cuando D. Gaspar, el IX Duque de Medinasidonia, dio por concluidas las obras del Palacio.
Colocó, en el que con el tiempo se vendría en llamar “Salón de Embajadores”, adornados asientos de cuero repujado, lujosos muebles de caoba con delicadas incrustaciones de nácar, originales jarrones chinos, ricas alfombras de Persia, irrepetibles tapices de Toledo… pues no en vano era allí donde, entre sonadas fiestas, suculentos banquetes y desbordantes saraos, se llevaban a cabo los más importantes negocios de la época.
Más de una noche habíanse reunido en aquellos suntuosos aposentos: melosos asentadores de especias de Damasco, majestuosos mercaderes de sedas venecianas, hieráticos orientales traficantes de oro y plata, embajadores de los distintos reinos europeos…que buscaban en el lujo de la casa ducal consuelo para sus haciendas.
Aquella tarde, cuando ya parecía imposible alcanzar un buen acuerdo, observó D. Gaspar cómo, bajo el asiento del embajador de la lejana Arabia, un pequeño ratoncillo de los que llaman “coloraos” seguía atentamente la discusión y cómo, con su rabillo tieso, parecía querer indicar que el árabe sentado sobre su escondrijo era la persona más adecuada para cerrar el trato que se debatía.
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Aún no están claras las razones, pero lo cierto es que hizo caso D. Gaspar a su inesperado socio roedor y no anduvo desacertado. Fue tal la bondad de los productos comprados en aquella ocasión que a partir de ese día no hubo príncipe europeo que dudara en adquirir las mercaderías del Duque.
Nunca erraba el ratoncillo en su elección y siempre acertaba a situarse bajo el comerciante que presentaba la mejor oferta, de tal forma que la prosperidad alcanzó al Ducado y con él a todo el Señorío y a sus gentes.
Pero como suele suceder pudo más la envidia que la lealtad y así, movidos por la codicia, los reyes castellanos hicieron llevar preso a la ciudad de Toledo al bueno de D. Gaspar, para que allí en la soledad de una fría y oscura mazmorra descubriera los secretos que guiaban su continuado acierto en los negocios.
Sólo le era permitido salir de su terrible encierro cuando mercaderes de las indias llegaban a la ciudad imperial, con el fin de que, gracias a su probada perspicacia, llenara de oro las arcas castellanas, pero, o bien D. Gaspar había decidido no seguir el juego a sus captores o bien su prolongado encierro había apagado sus afamadas luces para el trueque, lo cierto fue que cualquier negocio en el que participaba terminaba convirtiéndose en el más estrepitoso de los fracasos.
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A la luz de un agónico rescoldo yo fui transcribiendo sus palabras, consciente de que algún día, muchos siglos después de esos momentos, otro anónimo caminante vendría a explicar cómo aquella misteriosa aparición nos había devuelto al mundo de la niñez y de la inocencia.
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—– El Caminante —-
( Prólogo )
Erase una vez un hombre que llevaba en su frente las huellas de todas las batallas y por eso ansiaba la paz, tenía en sus ojos el resplandor triste de la soledad y por eso buscaba hombros en los que apoyar su cabeza cansada, guardaba en sus manos las líneas de todos los destinos y quizá por eso desconocía su propio futuro.
Cubrían sus hombros las alas de todas las aves, brillaban en su costado las escamas de todos los océanos y sacudían sus pies el barro de todos los caminos.
Guardaba sus espaldas con ajadas sedas de la India, su pecho con pieles de Irán, sus piernas errantes con paños de Granada y nada había en él que invitara a la palabra, ni siquiera la sonrisa que dejaba extraviarse entre las mesas de todas las tabernas, porque aunque nadie conocía los caminos que había recorrido, ni por qué perdidos senderos conduciría sus pasos, todos sabían sin embargo que aquel hombre no era un enigma más de la ciudad.
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Nunca nadie le acompañaba porque la gente lleva escrito en la sangre el sitio donde quiere morir y por eso no se atreve a soñar lejos de su tierra, pero aquel hombre guardaba todas las patrias en su corazón, todas las banderas en sus manos, todas las tumbas en su rostro, aunque a ninguna cosa amaba tanto como a sus recuerdos.
Narraba, a cuantos quisieran detener sus pasos para escucharle, imposibles leyendas nacidas en los cuatro rincones del mundo, de las cuales la mitad no eran verdad y la otra mitad eran sólo fruto de su fantasía. En su voz cascada los príncipes se convertían en mendigos, los tullidos en atletas, en doncellas los muchachos, en rosas las heridas, en sangre el vino y en carne el pan; la noche en alba, en amor la soledad, en gritos el silencio y en máscara la luna. Sólo una reolina multicolor señalaba la vida o la muerte.
Cuentos que jamás de los jamases historiador alguno había reseñado, pero que todos los niños habían soñado alguna vez. En sus huesos de papel se escribieron las imaginarias verdades de esta ciudad recóndita que le acogió amable en su desaliento.
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Mi arbol no tengo la suerte de tenerlo en casa, está en una finca a muy escasa distancia y es un frutal ..de la fruta preferida de Pepe ..voy a visistarlo con frecuencia y veo como crece ..” el ” fundido con la tierra ( como fué su deseo ) lo alimenta … un saludo
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Amiga Luna, me ha emocionado profundamente este escrito y tengo otra coincidencia que confesarte. En mi jardín, salvo los pinos, los árboles frutales que hoy me regalan su milagro por temporada los he plantado con mis manos. Yo los amo y se que me corresponden. Forman parte de mi vida, y siempre he pensado pertenecer a la suya a mi muerte, porque se, que más allá de mis tristes residuos orgánicos, me espera la fusión plena de mi naturaleza. Tal vez, entonces, podamos mandarnos mensajes por el viento.
Un abrazo con aroma de eucalipto para ti.
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CONSTANTEMENTE HE DICHO A LOS MÍOS QUE CUANDO MUERA EN CENIZAS O COMO SEA ME ENTIERREN DEBAJO DE UN ÁRBOL,.SI ES EL MIO MEJOR.,DESPUES DE TODO YO LO PLANTÉ,……..NO ES QUE VAYA DE MACABRA AHORA …….PERO PIENSO QUE EN CADA CÉLULA DE LA MÁS PEQUEÑA DE SUS HOJAS ESTARÉ TOMANDO EL SOL,BEBIENDO EL AGUA DE LA LLUVIA Y TIRITANDO BAJO EL MANTO DE LA NIEVE PERO ENTRE TIRITONA Y TIRITONA ¡QUE PAISAJE VERÉ..!……SENTIRÉ EL FLUIR DE LA VIDA CON LA SÁVIA, EN FIN SERÁ UNA RENCARNACIÓN,EN TODA REGLA.
VIENE ESTO A CUENTO………PORQUE LEÍ HACE TIEMPO UN RELATO DE UN MITO GRIEGO Y ES ASÍ
ZEUS EL DIOS SUPREMO,QUIERE AGRADECER A UNA PAREJA DE ANCIANOS POBRES LA GENEROSIDAD CON QUE LO TRATARON SIN HABERLO RECONOCIDO.LES PREGUNTÓ QUE QUE DESEABAN COMO RECOMPENSA.EL ANCIANO FILEMON CONTESTÓ………..” DESEO QUE MI ESPOSA,BAUCIS ESTÉ SIEMPRE A MI LADO,INCLUSO DESPUES DE NUESTRA MUERTE ” BAUCIS EXPRESÓ EL MISMO DESEO.ENTONCES ZEUS LOS CONVIRTIÓ EN DOS ÁRBOLES QUE SE ACARICIAN CADA VEZ QUE LA BRISA AGITA SUS RAMAS.
SIMPRE ME EMOCIONÓ ESTA HISTORIA.
Esto mi querida Conxa no está escrito por mí ..pero muy bien podría estarlo. Hace un resumen de lo que yo muchas veces he expresado a los mios , el arbol …mi arbol ya está plantado esperandome desde hace dos años y bajo el me espera mi amado esposo que ya reposa bajo sus ramas, mi fiel compañero al que nunca olvidaré . Un besito de chocolate, mi querida amiga .
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Amiga, si es lo unico que me quedo fue mi corazón que me hace sentir que todavia estoy viva, un beso
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Gracias por “las claves para recuperar el balance” y tu magnifico poema “Falal equivocación”.
Recordar: Del Latín, re-cordis, volver a pasar por el corazón.
Recomiendo no utilizar el corazón como colador para embellecer los recuerdos (en él se queda el poso del dolor,) y sí como borrador de la memoria triste.
Mi cariño para ti Giali
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Una prosa la de Sanpedro apasionada y vibrante. Es un canto de amor y sexo entre Glauka y Haham llevado casi a lo divino.
Gracias querida Luna
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Nix querido, esta deliciosa y delicada perla de lluvia merece lucirla sola.
Gracias amigo. ¡Me encanta!
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Maravilloso este poema de la jerezana Josefa Parra.
Gracias Chari, de su libro “Alcoba de agua” este es uno de mis preferidos.
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Me acostumbre a tus mentiras,
a creer que me amabas,
te hacia cómodo en mis brazos,
que era yo tu anochecer, tu amanecer,
el aroma que tu querías respirar.
Pero sin explicación se soltaste
huiste cuando me entregaba por entera,
sin esperar de ti ni siquiera
una mirada de amor,
llegue a sentirme un reflejo de
tus caprichos, de tus ambiciones
Quise perderme en tus ilusiones,
pero me anulaste y me encontrare
solitaria en una playa de desilusión,
desdeñaste mi sombra a tus antojos,
me hiciste tu amante perfecta,
solo existías tu y no yo
Pase desapercibida por tu vida,
sin siquiera tocarte, pero aun así
te llegue amar con las caricias esclavizadas
que se le llega a prodigar a un sueño idealizado ,
no fui yo la que tu mente ideo, ni la que esperabas
solo un ser que quiso se amada.
Mis sueños se fueron buscando el refugio
del sabor de unos besos que en ti no encontré,
tarde comprendí mi fatal equivocación
al sentir la frialdad de tus brazos
que me anulo como témpano de hielo
que quemo mis entrañas y me destrozo
dejándome desprovista de sentimientos
para intentar regresar a un camino desecho.
Ya no te imagines que todavía
estaré esperando la migaja de tu amor,
aprendí que buscando tu amor comprendí
el valor de mis sentimientos que no estaba
en tus brazos sino en mi corazón .
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