“Otoño de manos de oro.
Ceniza de oro tus manos dejaron caer al camino.
Ya vuelves a andar por los viejos paisajes desiertos.
Ceñido tu cuerpo por todos los vientos de todos los siglos.”
¡Que tierna melancolía descriptiva la de José Hierro para trasmitir la esencia del otoño!…¡me apasiona!
Gracias Lunamoruna por esta belleza.
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Frente a la playa desierta,
oyendo caer la lluvia,
es como si hubiera vuelto
a llorar sobre mi tumba.
Baten las olas,
Arden sus llamas de espuma.
Aprisionan en sus dedos
la plata que las alumbra.
Todo está fuera del tiempo.
Pasan las nubes oscuras.
La arena, como una carne
sin tiempo, llora desnuda.
Los ojos ya no ven: sueñan.
No atinan con lo que buscan.
Las cosas están enfrente,
mas tienen el alma muda.
Se vertió el vino del ánfora
celeste de la aventura.
Ay alma, por qué volaste
con alas que no eran tuyas.
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Dulce y ensoñador como un cuento de hadas…¡PRECIOSO!
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Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce
después para que parezcan ligeras.
Wislawa Szymorska (Polonia,1923)
Premio novel de literatura 1996
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me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
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Me encanta.: ” sueña un sueño despacito entre mis manos…”. Muy bonito
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¡Ah… Miguel Hernández! ¡Que hermoso poema!
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Gracias siempre a ti por tu calurosa acogida. Un fuerte abrazo.
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quédate hasta el alba.
Muchacha, pequeños pies, no corras más,
quédate hasta el día.
Sueña un sueño despacito entre mis manos,
hasta que por la ventana suba el sol.
Muchacha, piel de rayón, no corras más
tu tiempo es hoy.
Y no hables más muchacha, corazón de tiza,
cuando todo duerma te robaré un color.
Y no hables más muchacha, corazón de tiza,
cuando todo duerma te robaré un color.
Muchacha, voz de gorrión, adónde vas
quédate hasta el alba.
Muchacha, pechos de miel, no corras más
quédate hasta el día.
Duerme un poco, yo entre tanto construiré
un castillo con tu vientre hasta que el sol,
muchacha, te haga reír hasta llorar,
hasta llorar.
Y no hables más muchacha, corazón de tiza,
cuando todo duerma te robaré un color.
Y no hables más muchacha, corazón de tiza,
cuando todo duerma te robaré un color…
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“Yo no quiero más luz que tu sombra dorada…”
Magistral siempre la luz en los poemas de Miguel Hernandez.
Bienvenida al club de los soñadores Cinta. Gracias por este bellisimo poema.
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Claridad sin posible declinar. Suma esencia
del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia
acercando los astros más lejanos de lumbre.
Claro cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.
Yo no quiero más luz que tu sombra dorada
donde brotan anillos de una hierba sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es de día.
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no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda.
Limpidez cuya extraña, como el fondo del río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda..
¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho,
corazón de alborada, carnación matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se termina.
No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.
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Tengo la letra copiada a retazos de un video pero no sabía que era “La oración de Dante”…¡ves la afinidad!…¡¡increíble!!
Ahora mismo la busco.
¡Me has dado un alegrón!
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Cuando el oscuro bosque se cernió sobre mí
y todos los senderos se cubrieron de maleza,
cuando los altivos sacerdotes dijeron que no existe otro camino,
entonces cultivé las piedras de la tristeza.
No creía porque no podía ver.
Pero tú viniste a mí en la noche,
cuando el amanecer parecía perdido para siempre
y me mostraste tu amor
a la luz de las estrellas.
Dirige tu mirada hacia el océano.
Dirige tu alma hacia la mar.
Cuando la noche oscura parezca interminable…
por favor… recuérdame.
Entonces, una montaña se alzó ante mí
cerca del profundo pozo del deseo
desde la fuente del perdón,
más allá del hielo y del fuego.
Dirige tu mirada hacia el océano.
Dirige tu alma hacia la mar.
Cuando la noche oscura parezca interminable…
por favor… recuérdame.
Aunque compartimos este humilde sendero,
¡Qué frágil es el corazón en soledad!.
Oh! da a estos pies de barro alas para volar,
para que puedan acariciar el rostro de las estrellas.
Insufla vida a este débil corazón,
levanta este velo mortal de miedo.
Toma mis desechas esperanzas, grabadas con lágrimas…
Y nos alzaremos sobre los dolores terrenales.
Dirige tu mirada hacia el océano.
Dirige tu alma hacia la mar.
Cuando la noche oscura parezca interminable…
por favor… recuérdame…
por favor… recuérdame…
La podeis escuchar en You Tube Loreena McKennitt, concierto de granada. (Dante’s prayer)
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No te fíes si te juro que es imposible
no dudes de mi duda y mi quizás
el amor es igual que un imperdible
perdido en la solapa del azar
La luna toma el sol de madrugada
nunca jamás quiere decir tal vez
la muerte es un amante despechada
que juega sucio y no sabe perder
Estoy tratando de decirte que
me desespero de esperarte
que no salgo a buscarte porque se
que corro el riesgo de encontrarte
que me sigo mordiendo noche y día
las uñas del rencor
que te sigo debiendo todavía
una canción de amor.
No corras si te llamo de repente
no te vayas si te grito piérdete
a menudo los labios más urgentes
no tienen prisa dos besos después.
Se aferra el corazón a lo perdido
los ojos que no ven miran mejor
cantar es disparar contra el olvido
vivir sin ti es dormir en la estación.
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