Precisa el momento.
Lanza el anzuelo con el corazón de carnada.
El ritmo prodigioso que hace de señuelo
Se agita en el espacio vacilante
De la certeza.
Rimas, sonetos, cuartillas,
Prosa libre o consonante.
Explosión de poesía,
Abundancia lingüística:
Verbos, pronombres, adjetivos,
Metáforas, hipérboles, paradojas.
No se da abasto el pescador de palabras.
Le confunden los estilos, le marean los sintagmas.
Busca atrapar las sílabas soñadas
Pero se le cuelan entre los dedos.
Toma la pluma, la moja en la tinta,
Y en un orgasmo poético, pulsa sobre la hoja blanca
Su carga reprimida de tantas noches.
En frenesí escribe y escribe
Sin dar tiempo a los sinónimos ni los acentos.
Espasmo tras espasmo,
Aparecen los versos sin métrica,
Las estrofas miríficas que sostienen
La humanidad del marinero de las letras.
Observa la hora, mira las estrellas,
Apura la mano, no piensa.
El tiempo se le agota, la inspiración se esfuma.
Rápido busca la última frase,
El desenlace oportuno,
El final perfecto.
El sol ahuyenta a la madrugada
Y disipa la bruma espesa del desvelo.
El hombre mira su obra,
Sonríe extasiado, orgulloso de su faena.
Las deidades que escaparon de la redada
Se alejan sonreídas agitando sus vapores.
Huyen satisfechas;
Lograron su encomienda:
Ser convertidas en las palabras
Que desde los albores de la historia
Hacen soñar a los mortales.
Rod Medina
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El alba lo sorprende y le espanta las musas
Soplos y susurros que aletean a su alrededor.
Forman las palabras círculos concéntricos
Para incitar su ingenio,
Van y vienen, cual cardumen huidizo,
O juegan con gracia sobre su séptimo chacra.
Alertas a la red o el arpón
Que puede apresarlas,
Se alejan del día que despunta
Burlándose de la nada
Que se ha mudado a la cabeza
Del poeta insomne.
La espera impaciente
Fertiliza sus neuronas,
Alimenta con sangre y deletreos
Las horas interminables
Que lo separan de la abundancia ilustrada.
La oscuridad se anuncia,
Las agujas se paralizan
Dentro de la bóveda celeste
Punteada de constelaciones maravillosas
Que sugieren historias y nombres
A la mente hambrienta
De la insaciable dulzura.
La medianoche es la obertura
Del concierto literario.
Su batuta, la pluma, marca el compás
De las mareas y corrientes
Que traerán de vuelta a
Las hadas marinas.
Plancton brillante
Bajo la luz de la luna,
Resplandecen los versos
Debajo de la oscura quietud del alma.
Chipas, saltos, volteretas,
Inmersiones, burbujas, rocío.
Agita sus brazos el compositor,
Anémona de tentáculos flácidos.
Abre su plexo
Con la vana intención de atraer
La abundancia lírica que navega
Cercana, frente a sus ojos.
(sigue)
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Todos somos emigrantes amigo mío. Venimos del pasado y de los sueños rotos en pos de la esperanza.
Un relato cargado de melancolía y ternura que cala hondo, Mario. Gracias por enriquecer este rincón con tu pluma. Un abrazo
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Enmudezco, cuando el avión que tripulas vuela bajo para espantar las ovejas,…jajajaja!
Sabes que te quiero, amigo. Un gran abrazo
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Mis sentimientos son vientos que cruzan los mares con infinidad de ternura, van acompañada de la misma dulzura y sutileza que los bajos vuelos de las gaviotas, siempre miró al poniente del Sol, en esa dirección se encuentran aquéllos otros mundos abandonados por todos.
Pensamientos furtivos, (sin papeles) vivo y quiero vivir en un mundo de distintos olores, muchas veces buscó encontrar esencias de Otoño en intensas fragancias de Primavera.
Recuerdos ingratos del patíbulo de madera en forma de barco, con 24 aspirantes a bordo.
Lluvia que mojó incesante mi alma, ambientación musical con el llanto de niños angustiados, así fue en toda la travesía.
Visitas imprevista, dos veces estuvimos acompañados del visitante inesperado, (nuestra amiga la muerte.)
Llegada de noche a una gran roca, un pequeño descanso y a continuar, andando de noche y de día escondido. Comiendo raíces y algún fruto del árbol de la paciencia.
No dejé que la nieve del desaliento, penetrará en mi corazón, con más intensidad que el calor que pueda irradiar la llama de una pequeña cerilla.
Yo sólo, luché y encontré el sendero que conduce a mi tierra de acogida.
Nunca miré hacia atrás, ni pienso en una mano amiga.
Pienso, que en este mundo, solo hay dos manos verdaderamente amigas y son: las dos que están unidas a mis brazos.
Estoy en la agricultura, hay días que trabajo 14 horas, pero…cuanto más trabajo más ganó.
Mario.
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Regala tus libros Mario , si los das sereàs mas feliz tu y quien los reciba . Es una pena que no se disfruten las cosas . Un saludo
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¡Qué preciosidad Conxita…, Es como una “nana” bellísima!
¡Un beso amiga!
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Repuesta para conxa y Aldedh.
Ay, esa generación del 27.
Cuantos suspiros convertidos en proezas.
Cuantas luchas, por alejar de mí los rencores.
Cuantas violetas sembradas
en mis soñados paraísos.
Cuantas adoraciones envueltas
en tiernas sensaciones,
muchas veces,
con el alma dolorida pero sin llantos.
Cuantos farolillos de colores
encendisteis en mi corazón,
con tantas esperanzas.
Mario
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Traspasar el umbral, fiebre y suspiro.
Tras el umbral todo es calor y amor.
El lar que acoge dulce al caminante,
El umbral, vencido y ensoñado
en sus vaivenes.
Sal de la carne. Gemir del cuerpo amado.
y el viajero, como la muerte,
lento, inexorable,
Inaugura la senda y sus campanas.
Me permito la osadía de mis versos junto al poema del gran Gerardo Diego. Un abrazo.
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Me admira la cantidad de registros que tiene este gran poeta, que, como en este delicioso poema, conjuga exquisitamente ironía, recelo y tristeza, en la emoción de un ¡te quiero!
Una joya, Aidedk. Gracias!
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Apoya en mí la cabeza,
si tienes sueño.
apoya en mí la cabeza,
aquí, en mi pecho.
Descansa, duérmete, sueña,
no tengas miedo del mundo,
que yo te velo.
Levanta hacia mí tus ojos,
tus ojos lentos,
y ciérralos poco a poco
conmigo dentro;
ciérralos, aunque no quieras,
muertos de sueño.
Ya estás dormida. Ya sube,
baja tu pecho,
y el mío al compás del tuyo
mide el silencio,
almohada de tu cabeza,
celeste peso.
Mi pecho de varón duro,
tabla de esfuerzo,
por ti se vuelve de plumas,
cojín de sueños.
Navega en dulce oleaje,
ritmo sereno,
ritmo de olas perezosas
el de tus pechos.
De cuando en cuando una grande,
espuma al viento,
suspiro que se te escapa
volando al cielo,
y otra vez navegas lenta
mares de sueño,
y soy yo quien te conduce
yo que te velo,
que para que te abandones
te abrí mi pecho.
¿Qué sueñas? ¿Sueñas? ¿Qué buscan
- palabras, besos –
tus labios que se te mueven,
dormido rezo?
Si sueñas que estás conmigo,
no es sólo sueño;
lo que te acuna y te mece
soy yo, es mi pecho.
Despacio, brisas, despacio,
que tiene sueño.
Mundo sonoro que rondas,
hazte silencio,
que está durmiendo mi niña,
que está durmiendo
al compás que de los suyos
copia mi pecho.
Que cuando se me despierte
buscando el cielo
encuentre arriba mis ojos
limpios y abiertos.
Gerardo Diego
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¡ Te quiero!, me dijiste,
y la flor de tu mano
puso un aspegio triste
sobre el viejo piano.
(En la ventana oscura
la lluvia sonreía…
Tamboril de dulzura,
Gong de monotonía).
- ¿Me querrás tú lo mismo?
Y en tu voz apagada
hubo un dulce lirismo
de magnolias tronchadas.
(La lluvia proseguía
llorando en los cristales…
Cortina de agonía.
Guadaña de rosales).
- ¡Para toda la vida!,
te dije sonriente.
Y una estrella encendida
te iluminó la frente.
(La lluvia proseguía
llamando en la ventana
con una melodía
antigua de pavana).
Después casi llorando,
yo te dije : ¡Te quiero!
Y me quedé mirando
tus pupilas de acero.
- ¡Para toda la vida!
dijiste sonriente,
y una duda escondida
me atravesó la frente.
(En la ventana oscura
la lluvia proseguía
rimando su amargura
con la amargura mía)
R. de León
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Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.
De confieso que he vivido. Pablo Neruda
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…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada…
(sigue)
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Hoy tarde lluviosa, oigo chocar las gotas de lluvia sobre el vidrio de la ventana de la habitación. Esto me pone melancólico y tritón y las fuerzas de mis sentimientos están por los suelos.
Veo que hoy la soledad se ha apoderado de mis entresijos. Hoy me encuentro escéptico, espeso, con el humor atado a un lazo de los cordones de las zapatillas.
Eso de pensar como permanecen los mejores libros en muchas bibliotecas, sean públicas o privadas. Libros solos y polvorientos, invernando como los sueños de los osos en las estanterías. Deseando salir de ese desconcertante abandono en cualquier momento.
Ese problema lo tenemos todos, tenemos más libros que adoradas esperanzas de posibles futuros.
Conservamos libros, que son entrañables de estar sin ellos, pero permanecen años y años sin ser abiertos. Son como cuadro envueltos en papel de periódico que nadie ve, solo nos conformamos con leer su titulo y su autor en las tapas o en su lomo.
Muchos creemos que tienen vida propia. A veces hay alguno que sale de su desespero cuando lo cogemos, lo acariciamos, lo leemos, pero… son tantos.
Buscamos las novedades, dándolo vida a las bibliotecas públicas, que cada día traen nuevos títulos. Y, seguimos releyendo los nuestros cada vez menos.
Hay tantas emociones en el interior de un libro. Hay tantas caricias de terciopelo en nuestros corazones. Hay tantos sentimientos gratificantes que nos llena al alma. Hay tanta magia y fantasía volando y envolviendo nuestros horizontes.
Mario.
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