Odio el ruido infernal que te ensordece.
Odio el riesgo que acecha en cada noche.
Odio el paraje lúgubre
disfrazado con música y colores.
Odio la masa inculta, ese conjunto
sin libertad, sin alma, sin cerebro.
Odio la moda impuesta, ese mercado
que hace de ti un muñeco.
¿Dónde está tu intocable independencia?
¿Dónde está la ilusión de tu mirada?
¿Dónde está tu nidal?
¿Dónde está la inquietud que te excitaba?
Eres barro maleable,
pequeña marioneta, un monigote,
un loco o un autómata
perdido en un ambiente sin valores;
un vasallo
de la farsa social, de la mentira;
un guarismo
de un catálogo déspota y suicida.
Me siento fallecer
al borde de la fosa que te aguarda.
Tengo fiebre en la sangre,
me abraso de impotencia, odio y rabia.
Hiere
tu raíz aferrada a mi vigilia.
Grita
un presagio maduro de agonía.
¡Libérate, hijo amado!.
¡Libérate del mal, de ese afluente
que te corrompe el cuerpo y el espíritu
y te empuja a la muerte!.
He limpiado de hojas el jardín de mis sueños
He barrido con ellas los rastros de recuerdos
De otro otoño que muere de alboradas baldío
Paseando desnudo en la lluvia y el viento
Otoños de mi vida en ráfagas de espejo
Que agitando sus velos en la noche desierta
Dan forma en la memoria a luces y silencios
A rumores de olas y pájaros sedientos
Sueños que no llegaron a levantar el vuelo
quedarán suspendidos como polen del suelo
Esperando una brisa que trae la primavera
A dispersar su magia por las auroras nuevas
Y volverán los sueños vestidos de amapola
con el olor a trigo y preñados de esperanza
A renacer sus brotes mansamente en mi huerto
A la sombra del sauce y entre recuerdos yertos
A mí me asombra siempre que la luna
se adentre tan desnuda por los campos
y que luego se vaya sin dejarnos
algún retal de su vestido roto,
como deja la lluvia
alguna huella de su paso.
Me asombra que la noche no disponga
de nada más tangible que las sombras
para hacerse más real, unos sueños que dejen
algo así como un polen
que quedase en el aire suspendido
para posarse luego
sobre todas las cosas
que inevitablemente la mañana
parece estar dispuesta a destruir.
Así que la única forma de eliminar la congoja es recuperar este “sueño íntimo, vital y esistencial”. Pues… manos a la obra. Iniciemos de nuevo la búsqueda a ver si conseguimos que “suceda lo que debiera haber sucedido y no sucedió.
Todos los sueños existen. Existe el sueño de cada destino. El sueño que haría feliz al desdichado y que rompería la obstinación en el mortal fastidio del pesimista.
Hay que crear la calle de los sueños perdidos.
Muchos han perdido un sueño y se han acomodado a otro. Números equivocados del destino, se resignan con su suerte. Permutan un sueño por otro. El verdadero sueño, nuestro íntimo sueño, vital, existencial, ¿dónde está? Se fue, quizás, por una puerta falsa. Llegó a buscarnos cuando recién salíamos; se desvaneció en la bruma; cayó en una trampa o en una alcantarilla. Quien sabe dónde.
De este desencuentro del hombre y su sueño nació la irremediable congoja.
Lo que pudo haber sucedido y no sucedió.
Enrique Gonzáles Tuñón (fragmento de La calle de los sueños perdidos)
Ya sé el secreto último:
el cadáver de un sueño es carne viva,
es un hombre de pie, que tuvo como un sueño,
y alguien se lo mató. Que vive finge.
Pero ya, antes de ser su propio muerto,
está siendo el cadáver de un sueño.
Por ti sabré, quizá, como viviendo
se resucita aún, entre los muertos.
(Pedro SALINAS)
Gracias Nousica por “refrescar” el poema que dió motivo a este foro. Eran otros sueños,…con el mismo collar ¿verdad?
Si hasta la vida cae
de cuando en cuando en calma,
y cae el que camina,
y cae quien levanta.
Si el sol busca la espalda
de quién le da la cara,
¿ no puede traicionarle
mi hoy a mi mañana ?
Si hasta la piel nos duerme
por cada madrugada,
y duermen las pupilas
en parpadeantes casas,
¿ Porqué no han de dormir
por hoy también mis ansias,
y no deseara hoy
lo que yo ayer deseaba ?
¿ Que caso tiene ser
puntilla de labranza,
si se ara el mismo surco
por cada vez que pasa ?
si muda el cuerpo el Hombre,
también sus enseñanzas,
y no ha de ser el mismo
que era al ignorarlas.
Si cambio es porque vivo,
y no he de ser en nada
quien fuera cuando viste
por prima vez mi cara.
Y si ando diferente,
si hablo aunque callaba,
no es que ahora sea muy fuerte
en vez de un alma blanda.
Es que ahora solo hay carne
donde antes me manaban
copiosos ríos de sangre
que alguna vez tomaras.
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