El viento va hacía donde quiere
y oímos su sonido,
Pero no sabemos ni de donde viene
ni a donde va…
Lo mismo pasa con quién nace del espítitu…
Anónimo
said
Su estilo tiene la solidez y el contrapunto de la música alemana, la melodía y el enfoque vocal del bel canto de la italiana, la elegancia y solemnidad de la escuela francesa y la audacia, sencillez y fuerza de la inglesa.
Händel es un fiel continuador de estos estilos y técnicas, en que no aporta ninguna novedad a todas estas corrientes musicales de la primera mitad del siglo XVIII, aunque como Rameau, su música, especialmente en óperas y oratorios, adquiere un nuevo y especial sentido dramático y monumental, triunfante, poderoso y solemne que es único entre la música de su tiempo.
Generalmente, su producción tiene una estructura simple y sencilla, de lenguaje vocal en la línea del bel canto italiano pero templado y conteniendo un pudor expresivo que recuerda a Purcell en vez de a los compositores italianos, cuyas cualidades cautivan rápidamente al auditorio, donde domina la melodía y la homofonía.
Es, en esencia, de corte mayormente italiano, que es el estilo más presente en su música y el que más ha influenciado en todos los aspectos de su obra.
La corta carrera de Lanza abarca ópera, radio, conciertos, grabaciones y películas.
Fue el primer artista de la RCA Victor sello rojo, de la cual recibió un Disco de Oro.
También fue el primer artista en vender dos millones y medio de álbumes.
Lanza inspiró la carrera de las sucesivas generaciones de cantantes de ópera, incluidos Plácido Domingo, Luciano Pavarotti, Leo Nucci y José Carreras, así como las de cantantes aparentemente con diferentes antecedentes e influencias.
En 1994, el tenor José Carreras rindió homenaje a Lanza en una gira de conciertos por todo el mundo, y declaró: “Si soy cantante de ópera, es gracias a Mario Lanza”.
Anónimo
said
EMILIO GARCIA
La tarde clara
de otoño madrileño
que en Platerías
tomaba yo café,
con tu vestido gris
entrar en el salón te vi.
Y, al verte tan bonita,me puse junto a ti.
La tarde moría en los espejos,
soñaba el amor en los divanes
y todo yo temblé
en el momento aquel, mi bien,
que, todo ruboroso, mi amor te declaré.La tarde clara
de otoño madrileño
que en Platerías
tomaba yo café,
con tu vestido gris
entrar en el salón te vi.
Y, al verte tan bonita,me puse junto a ti.
La tarde moría en los espejos,
soñaba el amor en los divanes
y todo yo temblé
en el momento aquel, mi bien,
que, todo ruboroso, mi amor te declaré.
¡Ay tarde de otoño
llena de sol de Madrid!
Café de mis sueños
donde el amor encontré.
¡Ay 1800, qué lejos ya estás de mí!
Todo pasó como una luz
que yo apagué.
¡Ay tarde de otoño
llena de sol de Madrid!
Alfonso XII volvía de los toros,
Julián Gayarre cantaba en el Real.Y yo en aquel café,
gustoso te cité, mi bien,
y en sueños de ilusiones
inquieto te esperé.
Las luces de gas iban creciendo.
La noche llegaba lentamente.
Y, al no verte venir,
creyéndome de amor morir,
me fui de Platerías
pensando sólo en ti.
Anónimo
said
Se trata de una canción que ya la escuché hace unos 20 años, en el café Iruña de Pamplona, a un par de cuarentones.
Ponían mucho énfasis cuando llegaban a eso de “Alfonso XII volvía de los toros. Julián Gayarre cantaba en el Real…”. Me llamó mucho la atención porque era una canción distinta de las que habitualmente se cantaban entonces y porque tenía pinta de ser muy antigua.
Ahora me he enterado de que fue en los años 40 y 50 popularizada por García Guirao. Y, mucho después, cantada por el Consorcio y por Emilio Carretero.
La acción nos sitúa a principios del siglo XX y nuestro protagonista evoca un fugaz encuentro con una mujer en el café Platerías de la calle Mayor de Madrid en los años 80 del siglo anterior, cuando Alfonso XII se llevaba muy bien con Frascuelo y Lagartijo y Julián Gayarre cantaba en el Teatro Real.
Yo me imagino a aquel hombre de la canción solo. Lamentando aquello que pudo ser y no fue. Un poco, como Antonio Machado en el café Salesas, o en el Europa, donde solía esperar a su hermano Manuel: recordando con nostalgia a su recién desaparecida Leonor, que sí que fue, ¡pero tan breve!
Aquel siglo se fue muriendo, como moría la tarde en los espejos. Y, como el tiempo, aquel amor antes de nacer.
(Antonio Aguilar, Alejo León, Juan Solano.
Canta García Guirao )
Anónimo
said
Pagliacci (título original en italiano; en español, Payasos) es un drama en dos actos con un prólogo.
La música y el libreto en italiano pertenecen al compositor Ruggero Leoncavallo y relata la tragedia de un esposo celoso y su esposa en una compañía teatral de la comedia del arte.
Su nombre a veces se presenta, de forma incorrecta, como Pagliacci.
Anónimo
said
Otra cantaora de copla que canta como la mejor y más clásica
Calandria, Calandria, Calandria,
porque cantaba de noche,
por eso se lo decían.
¡Qué cara, qué ojos, qué boca!
El pueblo se alborotaba
cuando a la calle salía.
Amante de noche en vela
con el cigarro encendío,
en la oscura callejuela
suena de pronto,
suena un silbío.
¡Ay, las amarguras hondas!
¡Ay, los maríos celosos!
¡Ay, que en el tajo de Ronda
se hacen trizas mis sollozos!
¡Mira, qué dolor!
Esta locura no tiene cura,
fuego encendío
que me ha consumío
igual que un tizón.
El pueblo, la calle, la gente
han visto a un hombre llorando
que dice desconsolao:
Calandria, Calandria, Calandria,
cómo es posible que olvides
los besos que yo te he dao.
Veleta que te domina
la ley del viento que sopla;
clavada junto a la esquina
estará siempre, siempre esta copla.
Anónimo
said
Arturo Pavón, pianista flamenco y miembro de una legendaria saga de artistas, falleció el 6 de junio en Madrid a los 74 años.
Sobrino de La Niña de los Peines y Tomás Pavón, se le considera un aventajado pionero en la tarea de llevar la música jonda al pentagrama.
También se adelantó a su tiempo al asumir, hace bastantes décadas, la comprometida responsabilidad de introducir el piano como instrumento de acompañamiento al cante.
Con el teclado de Arturo y la voz de un cantaor tan genial como su suegro Manolo Caracol, estilos clásicos como la malagueña de El Mellizo adquirieron una nueva y sorprendente sonoridad.
Pavón consideraba que el flamenco más puro se podía interpretar con orquesta sin que perdiera un ápice de su esencia y su fuerte personalidad.
“El cante, cómo no, también puede aprender de otro tipo de músicas”, nos decía en 1994, cuando regresó a los escenarios tras una larga ausencia para estrenar, en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, el espectáculo La siembra.
A mí, por ejemplo, cuando escucho la Tocata y Fuga de Bach, me suena muy flamenca.
Bueno, creo que siempre es agradable oir a Pasión Vega en cualquier espacio o lugar…, pero la verdad sea dicha, no quise ponerla aquí, me enajené y confundí los foros, lo siento. Abrazos, besos.
Compositor italiano.
Heredero de la gran tradición lírica italiana, pero al mismo tiempo abierto a otras corrientes y estilos propios del cambio de siglo, Puccini se convirtió en el gran dominador de la escena lírica internacional durante los primeros decenios del siglo XX.
No fue un creador prolífico: sin contar algunas escasas piezas instrumentales y algunas religiosas compuestas en su juventud, doce óperas conforman el grueso de su producción, cifra insignificante en comparación con las de sus predecesores, pero suficiente para hacer de él un autor clave del repertorio operístico y uno de los más apreciados y aplaudidos por el público.
Es imposible resumir o comentar todo lo que se ha escrito de ella, porque también como su protagonista, todo lo dicho resulta excesivo.
Su paso por el mundo de la música se podría catalogar de fulgurante y también de fugaz. Pocos fueron los años de plenitud, aunque éstos fueron extraordinarios, luego vino el declive y el silencio. Un silencio que a todos los aficionados les pareció tan prematuro como ineludible.
Maria Callas lo había dado todo en su corta carrera, que se consagró a principios de los años 50 y practicamente cesó en los 60 y aunque siguió dando conciertos y recitales, ya se resentía su voz y poco a poco, ese maravilloso instrumento fue apagándose.
Anónimo
said
Valse tristre Op. 44
Lento
Orquestal corta en forma de vals compuesta por Jean Sibelius.
Originalmente fue parte de la música incidental que compuso para la obra de teatro Kuolema (Muerte) de su cuñado Arvid Järnefelt en 1903, pero es mucho más conocida como pieza de concierto aparte.
Sibelius escribió seis piezas para la producción de Kuolema del 2 de diciembre de 1903. La primera fue titulada Tempo di valse lente – Poco risoluto.
En 1904 revisó la pieza, que se interpretó en Helsinki el 25 de abril de ese año como Valse triste. Fue un éxito instantáneo de público, tomó vida propia y sigue siendo una de las piezas características de Sibelius.
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