TRAS EL CRISTAL

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Este foro contiene 1,041 respuestas, tiene 58 mensajes y lo actualizó Avatar de Nicol Nicol hace 2 años, 11 meses.

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Avatar de Haizea

Haizea

said

Y es que pensándolo bien, y bajo el prisma de una niña de dos años, ese espacio tan enorme de playa, con un montón de piernas pasando alrededor de ella, con el agua, aunque lejana, a un nivel más alto y sin tener la presencia protectora de su padre, al que los niños llegan a imaginar que es un gigante que todo lo puede, pues qué quieren que les diga: Yo también vería monstruos por todos lados si me diese cuenta de que mi superpapá protector se alejaba de mi lado, dejándome sola en medio de aquella multitud de pies sin cuerpo ni cabeza, y si no los viese, me los inventaría con tal de que no se fuere de mi lado.

Nicol

23 septiembre, 2008 at 23:01
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Haizea

said

Mi marido y yo también teníamos que andar así con ellos, haciendo piscinas, corriendo para que no entrasen en las olas, permitiendo que invadiesen las “propiedades” de otros sin poder hacer nada para evitarlo y pensé: Ahora les toca a ellos, los más jóvenes, nosotros ya lo hicimos antes.
Volvió pues el padre de la niña con ella de la mano, ya que la piscina que con tanto cuidado había construido para su hija tenía un “ocupa” y aunque la madre del niño también se unió a sus esfuerzos por convencerla de que allí no había ningún bicho y menos un monstruo, porque si no su hijo tampoco estaría dentro, no hubo forma de hacerle entrar de nuevo y así, quedose el hoyo en manos del nuevo propietario, mientras el padre de la criatura me decía con cara compungida:
—-No ha habido forma de hacerle entender que no había nada dentro.
—-Igual un pequeño cangrejo, le dije yo
—-¿Cangrejos tan lejos del agua?
—-Se esconden debajo de la arena cuando baja la marea.
—-Pues, no se que decir, puede que tenga razón.
Y yo
—-Niños, ya sabe, que no quieren que sus padres les dejen solos.
—-Bueno ¡qué le vamos a hacer!
Y se sentó en la tumbona con la niña en las rodillas haciéndole cucamonas para que se le pasara el susto del todo.

23 septiembre, 2008 at 23:00
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Haizea

said

Le tendió los brazos a su hija, y después de consolarla, volvieron otra vez a la piscina a examinarla para encontrar el “monstruo” que había asustado a la pequeña.
Desde donde yo estaba no podía escuchar lo que se decían padre e hija, pero todo el afán de él por demostrarle a ella que no había ningún monstruo, fue en balde. En balde se puso de rodillas y con las manos dentro rebuscó y rebuscó, mientras la niña asomada detrás de él, no hacía más que mostrarle donde se suponía que estaba la “cosa” y como su padre, por lo visto, no fue capaz de encontrarla, tampoco hubo forma de que ella volviese a entrar en el hoyo tan bien preparado por su progenitor.
Otro pequeño que andaba por allí con su madre, aprovechó la coyuntura para introducirse de cabeza en la piscina, con el consiguiente susto posterior. Pero debió de reponerse enseguida pues se asentó en medio de ella, tomando posesión, y aunque la madre parece que quería llevárselo hacia otro lugar, tampoco hubo forma de sacarlo del hoyo.
Yo, desde mi atalaya, había dejado el libro a un lado, y observaba todo el movimiento algo melancólica, pues me retrotraje años atrás, cuando mis hijos tenían la misma edad o parecida a la de aquellos dos pequeñajos.

23 septiembre, 2008 at 22:59
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Haizea

said

Pues así, miraba yo a un laborioso padre preparando la piscina para su niña que no tendría más de dos años. La niña le ayudaba, con su cubo y su pala y en acabando la obra de ingeniería, viendo el padre que su hija quedaba bien protegida de viandantes y olas, entró a la pequeña en la piscina y le construyó como un caminito para que pudiese salir y entrar por su propio pie.
Estuvo jugando con ella un buen rato, y después, cuando vio que ya se encontraba tranquila inmersa en cambiar el agua del pozo de un lado a otro con su cubo, volvió hacia su tumbona, que estaba casi al lado de la mía, supongo que a tomar un poco la sombra debajo de la sombrilla, mientras desde allí seguía vigilando a su niña.
No había dado ni cinco pasos, cuando la pequeña lanzó un grito, y como una flecha y llorando a moco partido, salió de la piscina corriendo detrás de su padre con toda la rapidez que le permitía sus pequeñas piernas, y con una lengua de trapo y el terror reflejando en su rostro chillaba:
Papá, papá, ¡hay un monstruo en mi piscina! Una cosa me ha tocado la pierna.!
El padre me dirigió una miranda un tanto compungida al mismo tiempo que yo esgrimía una ligera sonrisa de complicidad. Creo creer que me quiso decir, no hay remedio, imposible descansar un rato.

23 septiembre, 2008 at 22:55
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Haizea

said

El otro día fui a la playa, y como siempre, instalé mi sombrilla y mi tumbona en esa zona media que se llama de marea, entre el agua y la parte de la arena más seca de la playa. Me gusta, mientras leo un libro, levantar de vez en cuando la vista, y no encontrar frente a mí la barahunta
de gente tumbada en las toallas, o el mar de sombrillas que se levanta por todas partes, incluida la mía. No me molesta, al contrario que suele sucederle a otras personas, los niños que disfrutan
haciendo hoyos en la arena, ya que en esta playa a la que suelo ir, lo hacen sobre arena mojada
con lo cual, no hay molestia alguna cuando sopla el aire pues que no suele levantarse del suelo.
A veces, son los propios padres, quienes a instancias de sus hijos más pequeños, y también por seguridad de que los niños no vayan hacia las olas, con el consiguiente peligro y el tener que estar continuamente detrás de ellos, los que hacen un hoyo y así el agua forma un pequeño pozo o piscina, con su reborde y todo para que el pequeño o pequeña esté debidamente resguardado y
protegido de los paseantes, pues existe el riesgo de que si se deja a ras de suelo, más de uno acabaría con las narices en el susodicho.

22 septiembre, 2008 at 23:18
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Haizea

said

Mientras tomo el café de la mañana, siento el canto de los pájaros que saludan al nuevo día. Estoy sentada frente a la ventana, y veo amanecer, bueno, ya hace un par de horas que ha amanecido, pero yo veo aparecer el sol tras las montañas que se ven frente a mi casa, y entre los árboles. Realmente gozo de una vista privilegiada, y además, cerca del mar, aunque no lo veo desde aquí (eso ya sería lo más), pero hay veces que el viento me trae su sonido, y alguna gaviota se posa sobre mi jardín, buscando quizá algún resto de comida. ¿Qué más se puede pedir para enpezar bien el día? Lo reconozco, soy una privilegiada por poder vivir aquí, y doy gracias todos los días por ello.

Nicol

22 septiembre, 2008 at 23:02
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Haizea

said

Relatos cortos para cada día.

22 septiembre, 2008 at 23:00
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