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Al pie de esta página hay dos líneas para aconsejarnos de aceptar los «cookies». Omiten cuidadosamente mencionar su utilidad para imponernos una publicidad chabacana y desvergonzada, pues hasta las hembras de pequeña virtud aparecen por encima de nuestros textos para enterarnos de sus dudosos encantos. Esos «cookies» que se incrustan en nuestra garganta y amenazan sofocarnos, se substituyen a nuestros deseos (: que nos dejen en paz), pues muy poco de esa feria nos interesa, y mucho más ésa nos irrita.
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