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| mario59 | # Posted on 4 diciembre, 2012 at 21:42 |
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(continuación) Entre los dos, aquél verano, construimos infinidad de grandes castillos de arena. Nos encontramos amparados por la humedad de la brisa del mar, los dos nos juramos amor eterno, los dos nos engañábamos con alevosía y, los dos fracasamos con temeridad. Pasó el verano y el calor se fue diluyendo, cómo le pasa a las pompas de jabón con el agua salada del mar. Igual ocurrió con nosotros, se enfrió el dique seco, cuando empezaron a venir las primeras grandes olas. Pronto tuvimos que recoger las pequeñas mochilas y marchar. Nuestros cuerpos quedaron sin rumbo, lejos el uno del otro, en otros horizontes sin destino ni amparo. Seguiríamos volando al infinito, hasta encontrar el otro lado de la historia o el final de nuestra vida. Hablamos qué seguramente, nos encontraríamos allá en la gran ciudad, donde cada invierno es el refugio y la tierra prometida de muchos de nosotros; aquellos los insignificantes, los humildes, los cándidos, los desheredados de la tierra. Mario. Estaré ausente del foro unos cuantos días. |
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