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Nada ni nadie te tiene que amargar la vida. Tu felicidad y el gozo de tu espíritu no pueden ser manipulados por ninguna persona ni por circunstancia alguna que pueda acontecer en tu vida.
Sonríe siempre que puedas y aprenderás a endulzar incluso los tragos más amargos que has de beber. Sonríe con sinceridad y la vida empezará a descubrirse ante vos con sinceridad y tranquilidad.
Tu felicidad tiene que nacer desde lo profundo de tu alma y de ahí debe partir hacia todos los extremos de tu ser.
Quien aprende a sentirse feliz por lo que posee materialmente tarde o temprano verá su felicidad morir, pero quien se siente feliz por el don que lleva en su alma, pone su felicidad en algo eterno, en algo que siempre le acompañará y cifrará su día a día en contemplar las maravillas que Papito Dios nos pone ante los ojos, pero que a veces no las vemos por andar preocupados, ansiosos, bravos, tristes…hay que aprender a valorar las pequeñas cosas, que finalmente son éstas las que hacen la diferencia entre sonreír o andar con el entrecejo fruncido y una boca cerrada herméticamente que no permite que aflore una sonrisa.
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