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Y el caso era un gran caso.
En un bistró, del puerto de marsella
Nos fuimos demorando, entre botella
Y botella de oporto:
-los que pusieron precio a tu cabeza-
Le dije exagerando su belleza,
- se habían quedado cortos-
Puede que me estuviera enamorando,
Porque, antes del café, cambié de bando,
De hotel y de sombrero.
Mi viejo puso un cuarto, con dos camas,
Fingiendo que la dama era una dama
Y su hijo un caballero.
Ni siquiera, señores del jurado,
Padezco, como alega mi abogado,
Locura transitoria.
Disparé al corazón que yo quería,
Con premeditación, alevosía
Y más pena que gloria.
Para jugar al black jack y ser un duro,
Andar escaso de efectivo
Es igual que pretender envidiar,
Con un farol, al futuro,
No por casualidad
Me temen en los casinos,
Diez de los grandes por seguirle, los pasos,
A la rubia platino.
Para volver a ser alguien, en el ambiente,
Necesitaba un par de buenos clientes,
Algo para mis vicios y un despacho decente,
No dan para comer las putas del barrio chino,
Todos los lunes no me encargan el caso
De la rubia platino.
Para no ser un cadáver, en el tranvía,
Aparte de tener gramática parda
Hay que saber, que las faldas, son una lotería;
Con luz de gas brilló mi lámpara de aladino…
Me daban diez de los grandes
Por el caso de la rubia platino.
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