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Estúpido peregrinaje,
cuántos cientos de horas
vagando sin descanso,
perdido entre los fulgores
de la noche.
Casi mustio el corazón
por lides impías
a la intemperie del alma.
Y desolado el espíritu,
por recuas de emociones e ideas
amamantadas con el tiempo.
Corriendo siempre veloz,
indeciblemente rápido,
y darse cuenta al fin,
del imposible término medio
que jamás penetrará
siquiera a discernir el infinito.
Obsesión tras obsesión,
horadando el saber
entre sus arcanos intersticios.
Mas, después de remover el mundo
descubro las fáciles palabras,
la alegre ignorancia
y la terrible soledad del escéptico.
PEDRO DONAIRE
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