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El calor sofocante y húmedo, cubren los cuerpos de pequeñas gotas de sudor. Las aspas del ventilador apenas dan un respiro al aire de la habitación en penumbra.
Yacen juntos en la misma cama pero separados, cada cual perdido en sus pensamientos.
Perezosamente, ella se levanta del lecho y se dirige a la ventana. La luz de la luna dibuja su silueta desnuda, mientras, él la mira incorporado sobre un brazo.
Acaban de hacer el amor sí, pero ¿dónde quedó la ilusión de los primeros encuentros clandestinos…?
El misterio se había perdido, y contemplando su hermosura al contraluz de la ventana, sintió que ya no la amaba. Que aunque su deseo por ella seguía vivo, el amor había huído de su corazón. ¿Cuándo…? No lo sabía….
Podría ser que nunca la hubiese amado…? y ella…..? se preguntó.
Lentamente, la mujer se dio la vuelta hacia la cama y pudo ver la respuesta en sus ojos.
Jamás hubo amor entre los dos, solo pasión y deseo. Hoy había llegado el momento del fin. Lo habían intuído nada más verse, pero hicieron el amor una vez más, con furia con ansia; como el náufrago que ve con desesperación, cómo la tabla que le salvó de ser ahogado, le arrastra cada vez más lejos de la orilla.
En cada beso, en cada caricia, ellos iban sintiendo la misma sensación de pérdida, y desesperanza.
Se vistieron sin prisas, y con un frugal beso en los labios, se dijeron adios.
Nicol
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