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Una tarde, el Padre Pío estaba en cama y lo asistía su sobrino Mario. El tío le dijo:
- Mario, tráeme el arma.
El sobrino buscó por aquí y por allá en la celda, sobre la mesa, en el cajón.
- Pero tío, no encuentro ninguna arma.
- Mira en el bolsillo de mi hábito.
El sobrino buscó en el amplio bolsillo, y nada.
- Tío, está sólo la corona del rosario.
- ¡Tonto! ¿No es esa el arma?
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