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Una luna blanca, con cara bonachona, me miraba desde el cielo mientras iba por la carretera de la costa.
La vi surgir por el horizonte, grande, diáfana, con las manchas en “su sitio” (como siempre las hemos visto)
dibujando claramente los ojos, la boca y la nariz. Había empezado ya el cuarto menguante, y la parte izquierda de su frente, mostraba un pequeño “desfase” en cuanto a su redondez. Lucía bonachona, como una matrona entrada en carnes, con las mejillas prominentes y una mirada tierna.
De vez en cuando, las escasas nubes la hacían parecer distinta. Unas, la ocultaban a medias, como si se escondiese tras un abanico; otras lucía enorme cabellera desplegada al viento, o un tupé con tirabuzones; ví como una nube cubría su cabeza cayendo hacia sus invisibles hombros, en un peinado de rizos imposibles…..
Estaba fascinada, y al mismo tiempo que conducía la iba mirando de a poco para ver el próximo cambio.
Y de repente lo ví…. Cambió la luz, ya no era tan blanca, iba cambiando hacia un amarillo dorado, y sus facciones se endurecían por momentos; el gesto amable que presentaba al nacer, se iba endureciendo, enfriando…. Las sombras de sus ojos y su boca, se estrecharon en un gesto de indiferencia, de amargura…. y ya no me gustó mirarla….
sigue……
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