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Estoy releyendo Cinco horas con Mario, de M. Delibes y si hace más de 30 años (o muchos más, ya ni sé) me parecía que Mario era un tío genial y su mujer una clasista tradicionalista y de las Jons, ahora de mayor ya no la estoy juzgando tan severmente como hice antaño, sino que le estoy viendo los defectos al Mario y la poca atención que le prodigaba a su mujer, que estaba llena de carencias afectivas (aunque también se las traía la pobre de Carmen-Menchu).
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