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Somos un jardín romano
abierto a la sabia de la apetencia,
donde las flores cada
mañana amanecen teñidas
con el color azul de la soledades.
Somos un rio de incongruencias
buscando aquella noche que nos quiera.
Encerrados en ese castillo
de vaguedades, en las oscuras
tinieblas de los sentimientos.
Cuantas mariposas revoloteando
en el cálido invernadero de mi alma.
Cuantos antagonismos encontrados
en el paraninfo de mis te quieros.
Cuantas deseos reprimidos,
en la atalaya de mis sentimientos.
Cuantas sentencias emitidas,
cuando me dices;
que para acariciarte,
he puesto en mis manos,
unos finos guantes de látex.
Mario.
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