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La verdadera felicidad se encuentra Únicamente en la posesión dé la verdad completa —verdad que debe trascender todas las verdades particulares, pues de lo contrario no sería, propiamente hablando, una verdad—. La Verdad perseguida por San Agustín es la medida (absoluta) dé todas las verdades posibles. Esta Suprema Medida es, y sólo puede ser, Dios.
La busca agustiniana de la Verdad no es solo contemplativa, sino también eminentemente «activa»; no implica sólo conocimiento, sino, fe y amor. La verdad debe conocerse no simplemente para saber lo que es “Lo que Es”; debe conocerse para conseguir el reposo completo y la completa tranquilidad que el alma necesita. La posesión de la Verdad, antes que ser objeto de ciencia, lo es de sabiduría. Y la búsqueda de la verdad no es un método, sino un camino espiritual .
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