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Pero Kate no se resignó y pidió que le dieran a su bebé. El cariño de madre hizo que la joven lo acurrucara contra su pecho desnudo, cerca de su corazón, y lo mantuviera allí durante dos horas, entre palabras de consuelo y ánimo, caricias y lágrimas. “Le dijimos cuál era su nombre y que tenía una hermana. Le dijimos las cosas queríamos hacer con él cuando creciera”, narraba Kate. Al cabo, el bebé suspiró.
Al poco, el pequeño se movió y abrió los ojos, ante el asombro de los médicos
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