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diario hace 7 años.
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diariosaid |
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diariosaidPARA RECORDAR EL BACALO DE SEMANA SANTA… |
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diariosaidhttps://apps.facebook.com/parchisplayspace/?fb_source=canvas_bookmark ESTA PAGINA ES PARA SI QUEREIS JUGAR AL PARCHIS, BINGO,CARTAS,Y TODOS LOS JUEGOS QUE QUERAIS Y NO ABURRIROS. |
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SAKURAsaidLas Fallas de Valencia, declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad |
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SAKURAsaid |
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diariosaidayyyyyyyyyyy jajajajajajaja… |
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diariosaidVENGA QUE YA PRONTO NOS LLEGA EL DIA DE LA MUJER TRABAJADORA EL 8 DE MARZO Y DESPUES TODO SEGUIDO FALLAS Y LAS FLOREN FLORECERAN Y LAS FALLAS SE QUEMARAN |
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diariosaidLas llamadas al 016, el número contra el maltrato, sí quedan registradas en los teléfonos Las llamadas al número contra el maltrato sí quedan registradas en los teléfonos 10 En su Informe Anual 2016, el Defensor del Pueblo ha destacado que esta situación “puede suponer un riesgo para la persona que requiere ayuda”, puesto que su agresor puede percatarse de la realización de la llamada si el número utilizado no desaparece de la lista del registro del teléfono. Especialmente, por el carácter “controlador” de los maltratadores, resalta esta institución. Además, argumenta que “las mujeres jóvenes están familiarizadas con el uso de las nuevas tecnologías y tienen conocimiento técnico suficiente para borrar o eliminar estas llamadas del registro del terminal”, pero no es el caso de las mujeres mayores. No obstante, en el protocolo de atención de llamadas del servicio 016 está previsto que al finalizar la conversación los operadores del servicio adviertan a los usuarios sobre la importancia de eliminar manualmente el 016 del registro de su teléfono. El Defensor explica que inició actuaciones con la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información y con la Secretaría de Estado de Asuntos Sociales. Se recordó entonces que las llamadas al 016 son gratuitas para el usuario y no quedan reflejadas en la factura telefónica. Sin embargo, la eliminación automática de los registros de las llamadas al 016 en los terminales fijos o móviles por parte de los operadores prestadores del servicio telefónico “no es técnicamente posible”. El borrado de las llamadas en los teléfonos debe hacerlo el usuario en sus terminales -recuerda el Defensor- de forma manual, aunque también se pueden encontrar aplicaciones gratuitas para ese borrado automático. Becerril ha recordado asimismo que las llamadas efectuadas tanto al 016 como a cualquier otro número, como a servicios telefónicos especializados análogos provistos por las comunidades y a los números de emergencia e información de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad quedan grabadas si no se procede a su borrado manual. Desde el departamento de Servicios Sociales e Igualdad se ha remitido una carta al de Telecomunicaciones aconsejando que “sería conveniente” que los suministradores de terminales telefónicos móviles o fijos pudieran eliminar de manera automática el número 016 del listado de llamadas realizadas. La respuesta ha sido que “de momento no es posible técnicamente” y solo se puede hacer desde cada terminal. Por otra parte, Becerril ha detectado problemas técnicos en las pulseras telemáticas de seguimiento de los maltratadores con órdenes de alejamiento, al detectar varias incidencias en este sentido lo que provocaba “desasosiego” entre las víctimas, entre ellas el caso de una mujer cuya expareja había sido condenado por intento de homicidio. Se ha instado a la mejora técnica de este sistema para dotarle de mayor seguridad y eficacia en “beneficio y tranquilidad” de las usuarias. El informe sugiere además que los Juzgados de Violencia contra la Mujer habiliten una sala de espera para las víctimas donde puedan estar hasta el momento de entrar a declarar, sin tener contacto visual ni verbal con su agresor. Por otra parte, Becerril señala que en 2016 continuaron las actuaciones sobre la falta de dotación presupuestaria específica para financiar las medidas previstas para el programa de inserción sociolaboral de mujeres víctima de violencia de género. Asimismo, la defensora destaca en su documento varias actuaciones de oficio para la prevención de los actos de violencia contra las mujeres en todos los ámbitos posibles. Por ejemplo, la llevada a cabo ante la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género para conocer el resultado de las acciones en prevención y erradicación de los contenidos en los portales de internet. En concreto, se trasladó el contenido de la web “Dominación machista”, en el que se expresaba la superioridad del hombre sobre la mujer y se compartían prácticas denigrantes, que fue remitida a la Fiscalía General del Estado por si se apreciara la existencia de indicios de conducta delictiva. |
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diariosaidLas llamadas al número contra el maltrato sí quedan registradas en los teléfonos Esta situación puede suponer un riesgo para la persona que requiere ayuda, puesto que su agresor puede percatarse de la realización de la conexión si el número utilizado no desaparece de la lista del registro |
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diariosaidPARA LEER UN RATITO Y PONIENDO LAS PIEZAS DONDE DEBEN ESTAR…MAS O MENOS POR ENCIMA ENCIMA,PERO GUAY,!!……SEGURO QUE NO OS ABURRIREIS Los godos del emperador Valente En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que dos años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y noventa y ocho años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano. Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. Y todos, hasta hace poco, se defendieron y sostuvieron igual: acuchillando invasores, tomando a sus mujeres, esclavizando a sus hijos. Así se mantuvieron hasta que la Historia acabó con ellos, dando paso a otros imperios que a su vez, llegado el ocaso, sufrieron la misma suerte. El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (el imperio heredero de una civilización compleja, que hunde sus raíces en la Biblia y el Talmud y emparenta con el Corán, que florece en la Iglesia medieval y el Renacimiento, que establece los derechos y libertades del hombre con la Ilustración y la Revolución Francesa), es que todo eso -Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Newton, Voltaire- tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más. Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais –religión mezclada con liderazgos tribales– hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones -bárbaros también, como al fin de todos los imperios- que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros –en el sentido histórico de la palabra– que cabalgan detrás. Eso nos sitúa en una coyuntura nueva para nosotros pero vieja para el mundo. Una coyuntura inevitablemente histórica, pues estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego. Imperios, civilizaciones, mundos que por su debilidad fueron vencidos, se transformaron o desaparecieron. Y los pocos centuriones que hoy quedan en el Rhin o el Danubio están sentenciados. Los condenan nuestro egoísmo, nuestro buenismo hipócrita, nuestra incultura histórica, nuestra cobarde incompetencia. Tarde o temprano, también por simple ley natural, por elemental supervivencia, esos últimos centuriones acabarán poniéndose de parte de los bárbaros. A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa -y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia- queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939. Cualquier actuación contra los que empujan a los godos es criticada por fuerzas pacifistas que, con tanta legitimidad ideológica como falta de realismo histórico, se oponen a eso. La demagogia sustituye a la realidad y sus consecuencias. Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción. El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio. Todo eso lleva al núcleo de la cuestión: Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen. No en un día, por supuesto. Los imperios tardan siglos en desmoronarse. Eso nos mete en el cogollo del asunto: la instalación de los godos, cuando son demasiados, en el interior del imperio. Los conflictos derivados de su presencia. Los derechos que adquieren o deben adquirir, y que es justo y lógico disfruten. Pero ni en el imperio romano ni en la actual Europa hubo o hay para todos; ni trabajo, ni comida, ni hospitales, ni espacios confortables. Además, incluso para las buenas conciencias, no es igual compadecerse de un refugiado en la frontera, de una madre con su hijo cruzando una alambrada o ahogándose en el mar, que verlos instalados en una chabola junto a la propia casa, el jardín, el campo de golf, trampeando a veces para sobrevivir en una sociedad donde las hadas madrinas tienen rota la varita mágica y arrugado el cucurucho. Donde no todos, y cada vez menos, podemos conseguir lo que ambicionamos. Y claro. Hay barriadas, ciudades que se van convirtiendo en polvorines con mecha retardada. De vez en cuando arderán, porque también eso es históricamente inevitable. Y más en una Europa donde las élites intelectuales desaparecen, sofocadas por la mediocridad, y políticos analfabetos y populistas de todo signo, según sopla, copan el poder. El recurso final será una policía más dura y represora, alentada por quienes tienen cosas que perder. Eso alumbrará nuevos conflictos: desfavorecidos clamando por lo que anhelan, ciudadanos furiosos, represalias y ajustes de cuentas. De aquí a poco tiempo, los grupos xenófobos violentos se habrán multiplicado en toda Europa. Y también los de muchos desesperados que elijan la violencia para salir del hambre, la opresión y la injusticia. También parte de la población romana –no todos eran bárbaros– ayudó a los godos en el saqueo, por congraciarse con ellos o por propia iniciativa. Ninguna pax romana beneficia a todos por igual. Y es que no hay forma de parar la Historia. «Tiene que haber una solución», claman editorialistas de periódicos, tertulianos y ciudadanos incapaces de comprender, porque ya nadie lo explica en los colegios, que la Historia no se soluciona, sino que se vive; y, como mucho, se lee y estudia para prevenir fenómenos que nunca son nuevos, pues a menudo, en la historia de la Humanidad, lo nuevo es lo olvidado. Y lo que olvidamos es que no siempre hay solución; que a veces las cosas ocurren de forma irremediable, por pura ley natural: nuevos tiempos, nuevos bárbaros. Mucho quedará de lo viejo, mezclado con lo nuevo; pero la Europa que iluminó el mundo está sentenciada a muerte. Quizá con el tiempo y el mestizaje otros imperios sean mejores que éste; pero ni ustedes ni yo estaremos aquí para comprobarlo. Nosotros nos bajamos en la próxima. En ese trayecto sólo hay dos actitudes razonables. Una es el consuelo analgésico de buscar explicación en la ciencia y la cultura; para, si no impedirlo, que es imposible, al menos comprender por qué todo se va al carajo. Como ese romano al que me gusta imaginar sereno en la ventana de su biblioteca mientras los bárbaros saquean Roma. Pues comprender siempre ayuda a asumir. A soportar. La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes –llegado el caso– de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos. |
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diariosaidDoctor, tengo el siguiente problema: cuando hago el amor con mi mujer, me da la impresión de que no siente nada. Algunas veces incluso se duerme… ¡figúrese! |
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