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diario

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51
no nos la tocará más.
Canalla.
Hombre vil, ruín y despreciable; perro. Procede del italiano canaglia, o más probablemente del
catalán canalla, voz que ya se utiliza en aquella parte del Reino de Aragón en el siglo XV. Es vocablo
renacentista, surgido a lo largo del primer cuarto del siglo XVI, documentándose ya en Torres Naharro.
Sebastián de Covarrubias, hombre siempre pintoresco en sus apreciaciones, tiene esto que decir, en su
Tesoro de la Lengua:
Díxose canalla de can, perro, porque tienen éstos la condición de los perros que salen
al camino a morder al caminante, y le van ladrando detrás, pero si buelve y con una piedra
hiere a alguno, ésse y todos los demás buelven aullando y huyendo.
Fernán Caballero ofrece el siguiente uso del término: “Te prohíbo de una vez para siempre que
hables con ese canalla cuya reputación anda en lenguas de todo el pueblo…”.
Es ofensa grave, e insulto que no tolera la persona a quien inmerecidamente se le dirige. Se cuenta
del político de finales del siglo XIX, Antonio Maura, que en la tertulia privada que celebraba en su casa,
se hablaba cierto día de un personaje que siempre estaba criticándole, y ante las disculpas de don Antonio,
un contertulio amigo le dijo, no atreviéndose a pronunciar el calificativo en toda su crudeza, por lo fuerte
de la palabra: “Es Vd. muy generoso, Señor, pero sepa que fulano es un canallita.. “. A lo que Maura,
burlón y sonriente, replicó: “¿Por qué el diminutivo, amigo mío, por qué…?”.

23 febrero, 2013 at 19:05
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diario

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Campanero.
Individuo que tiene el vicio solitario; masturbador compulsivo; sujeto patológicamente tímido que
deseando el trato con mujeres no se atreve a contactar con ellas, rehuyendo su trato por apocamiento de
carácter, y accediendo a masturbar a otros. Es insulto de uso reciente, que juega con el significado
metafórico de “campana”: pene. Repicar o tocar la campana son frases equivalentes a masturbarse. Cela,
en su Diccionario del erotismo documenta el contenido semántico de la frase citando un Epigrama de B.
Baldoví, que dice:
Repicando la campana
el monago de San Blas,
murió de muy mala gana:

23 febrero, 2013 at 19:03
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Camandulero, camándula.
Bellaco; hipócrita y embustero, que trae mucha trastienda; sujeto que con el cuento aspira a vivir sin
dar golpe. Francisco Santos, el autor costumbrista de Periquito el de las gallineras,(segunda mitad siglo
XVII), pone en boca del protagonista las siguientes palabras: “¿Por qué había yo de sustentar a un
hipocritón camandulero, todo ejemplos y documentos…?”.
En cuanto a la etimología y antigüedad del término, el lector debe saber que la camándula era una
especie de rosario con tres decenas de cuentas, que solían llevar los frailes de la orden religiosa del siglo
XI: la Camáldula, por el nombre de la ciudad italiana, Camaldoli, en la Toscana, donde al parecer se
fundó. Por alguna razón todo cuanto rodeó al término se contaminó de carga negativa, connotando
“hipocresía y doblez”. Ese valor peyorativo tiene ya a finales del siglo XVI, y Tirso de Molina, fraile él
mismo, da a esta palabra el significado de “hipocresía”.

23 febrero, 2013 at 19:02
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Camaleón.
Persona que cambia de parecer según las circunstancias; veleta que muda de opinión y de bando
siempre que con ello se reporte interés o beneficio. Se dice de la persona inconstante, débil de carácter, a
quien puede hacerse variar de ideas con facilidad. Se emplea en sentido figurado, en atención a que el
animal a que se alude muda el color de su piel de acuerdo con las circunstancias medioambientales en que
se encuentra. Los naturalistas antiguos aseguraban que cada pasión imprimía a la piel de este lagarto una
tonalidad diferente. Así, cuando está alegre, su piel es verde esmeralda con listas parduzcas y negras;
cuando tiene miedo, su piel se torna de color amarillo pálido; si se irrita, la piel se vuelve oscura,
amoratada. De este animal se dijo también que se alimentaba del aire, por la costumbre que tiene de
exponer la lengua al exterior durante un tiempo, hasta llenarla de hormigas y pequeños insectos que luego
traga. Covarrubias afirma en su Tesoro de la Lengua, (1611) lo siguiente:
Es el camaleón símbolo de hombre astuto, disimulado y sagaz, que fácilmente se
acomoda al gusto y parecer de la persona con quien trata para engañarla. Sinifica también
el lisonjero y adulador, que si lloráis llora, y si reís ríe, y si a mediodía claro dezís vos Que
es de noche, os dirá que es assí, porque él vee las estrellas. Este tal merecía que se las
hizieran ver realmente.

23 febrero, 2013 at 19:01
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Calzonazos, calzorras.
Se dice del hombre que carece de voluntad, condescendiente y flojo en exceso. Dominado por su
mujer, y aterrorizado por la suegra, abdica de sus derechos como cabeza de familia y deja que aquéllas
vistan los calzones, manden y dispongan. Fernán Caballero, a mediados del siglo XIX, pone en boca de
una de sus protagonistas femeninas la siguiente frase, dirigida por ésta al marido: “¡Qué has de hacer tú,
calzonazos!”. También se dijo del hombre cobarde, que huye ante cualquier peligro, tal vez derivado de la
frase arrefranada, utilizada ya por el autor de la Celestina, Fernando de Rojas (1499): “tomar alguien las
calzas de Villadiego”, es decir, huir con tal precipitación y prisa, presa del miedo, que no tuvo tiempo de
calzárselas.

23 febrero, 2013 at 18:59
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Callo, callonca.
Mujer jamona y muy corrida, que ha pasado por muchas manos. Pudo derivar de la voz “cellenca”:
puta barata y rastrera. También se dijo de la persona achacosa y llena de melindres que no se vale por sí y
necesita ayuda, siendo incordio y pejiguera constante. En su acepción más habitual: mujer fea, adefesio,
que nada tiene que ofrecer. Pudo decirse del valor semántico del término callo, con cuyo significado tiene
cruce: dureza que se forma en la piel, costra reseca y vieja. En el sentido indicado, una mujer merecedora
de tal comparación estaría en las antípodas de las peritas en dulce. Velázques de Velasco, en su obrita La
Lena documenta así el término: “… como estas calloncas tienen la carne tan mal acostumbrada, dan
literalmente lo que les queda a quien tiene paciencia para ensillarlas”.

23 febrero, 2013 at 18:57
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Llamar a uno cabrón, en todo tiempo y entre todas las naciones, es afrentarle. Vale lo
mesmo que cornudo, a quien su muger no le guarda lealtad, como no la guarda la cabra,
que de todos los cabrones se dexa tomar (…); y también porque el hombre se lo consiente,
de donde se siguió llamarle cornudo, por serlo el cabrón según algunos…
Siempre hubo grados entre cabrones. No es lo mismo, como advierte Camilo José Cela en su
delicioso Diccionario, un cabrón ignorante de su condición, que un cabrón con pintas, consentidor e
incluso alcahuete de su mujer. Cela razona así:Cabrón consentido: el que aguanta marea por la razón que fuere; es más triste que el
cabrón con pintas, más pudoroso que el cabronazo, y su noción coincide con la de
cabroncillo o cabronzuelo.
Diego de Torres Villarroel, a modo de advertencia misógina y pesimista, advierte a los candidatos a
marido, en su Ultimo sacudimiento de botarates y tontos, del siglo XVIII: “…Cásese y profese en el
cabronismo, y comerá a costa de otro, que no hay vida más acomodada en el mundo que la de cabrón…”.

23 febrero, 2013 at 18:49
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Cabrón.
Marido engañado, o que consiente en el adulterio de su mujer; llamamos también cabrón al rufián,
individuo miserable y envilecido que vive de prostituir a las mujeres. En otro orden de cosas, se dice de
quien por cobardía aguanta las faenas o malas pasadas de otro, sin rechistar; también de quien las hace. Es
palabra tomada en sentido figurado, del aumentativo de cabra, cabrón, animal que siempre gozó de mala
reputación por haber tomado su figura el diablo en los aquelarres, o prados del macho cabrío, para copular
con las brujas en los ritos de estas reuniones nocturnas, teniendo acceso a las mujeres hermosas por
delante, y a las feas por detrás. Es palabra de uso en castellano desde los orígenes del idioma, muy
utilizada ya por Gonzalo de Berceo, en todas las acepciones que todavía le da el DRAE. En el Cancionero
de obras de burlas provocantes a risa, el autor de un Aposento que se hizo en la Corte al papa Alixandre
cuando vino legado en Castilla…, se utiliza así el término (s. XV):
Y el cabrón de miçer Prades,
descornado,cabiztuerto,saco lleno de ruindades,
y otro tropel de abades,
en las cámaras del huerto.
Covarrubias, con la sencillez y claridad que caracteriza su entretenido Tesoro de la Lengua
Castellana (1611), tiene esto que decir:

23 febrero, 2013 at 18:48
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Cariñosamente se predica de quien realmente lo está, loco de atar o de remate.
Cabrito.
“Al cornudo primerizo llaman algunos cabrito”. Es frase sentenciosa que escuché en el barrio
sefardí de Jerusalén entre judíos turcos de procedencia española. También pude saber que “el casado
mamantón va camino de cabrón”. Covarrubias, por su parte, tiene esto que decir: “…es símbolo del
moçuelo que apenas ha salido del casacarón quando ya anda en zelos y presume de enamorado y
valiente…”.
También se predica del cabrón, sujeto vil que consiente el adulterio de su mujer; pero no son
equiparables, sin matices, uno y otro individuos. No hay cabritos con pintas, ni ignorantes de su suerte.
Todos los cabritos lo son a su pesar y no encuentran lado bueno alguno en serlo. Tal vez el aspecto de
falso diminutivo que tiene la palabra atenúe un tanto el peso y el rigor de su rotunda semántica. El autor
de la novela picaresca Vida del escudero Marcos de Obregón, Vicente Espinel, escribe coetáneamente:
“El que se casa viejo tiene el mal del cabrito, o se muere presto o viene a ser cabrón”.

23 febrero, 2013 at 18:46
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Con estos antecedentes no es posible tenerlas por animal negativo; pesaron otras leyendas. Se llama
“cabra saltante” a cierto fuego fatuo que vaga por el aire a ras de tierra, y que se relacionaba con este
animal, por creérsele poseido por el diablo, ya que su carácter caprichoso y un tanto irracional las hace
comportarse como el fuego fatuo. La tradición antigua equiparaba a la cabra con la ramera, por su
propensión al deleite carnal. A su mala prensa contribuyó su olor nauseabundo y el hecho cierto de ser
una plaga en los sembrados, royendo los pimpollos tiernos. El Refranero se muestra dividido: Por una
parte proclama: “Quien cabras ha, bien pagará”; por otra, sentencia: “Si a tu vecino quieres mal, mete las
cabras en su olivar”. Está vista poco menos que como el caballo de Atila: “La cabra, cuanto roe abrasa”.
“Cabra en sembrado, peor que nublado”. “Por do pasó, todo arrasó”. “Cabras en viña, mejor es pedrisca”.
“Buena cabra, buena mula, buena mujer: muy malas bestias las tres”, refrán en boga en tiempos pasados.
En cualquier caso, decirle a alguien que “está como una cabra” no resulta tan ofensivo como acusarle
directamente de estar loco.

23 febrero, 2013 at 18:43
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Cabra.
Decimos que está “como una cabra” a quien se conduce de forma alocada e inquieta, mostrando
escaso sosiego. Covarrubias escribe en su Tesoro de la Lengua, (1611) este curioso y llamativo texto:
Animal de mucho provecho… que con su fecundidad da los cabritos, la leche sabrosa
y medicinal; su sangre expele el veneno; su piel, puesta sobre las heridas, las sana; nos
viste y nos calza; su hiel clarifica la vista; su pulmón, puesto sobre la mordedura venenosa,
atrae el veneno; sus cuernos quemados ahuyentan la serpiente; su pelo viste al pobre, y su
carne harta al hambriento… (entre) los egypcios era símbolo del que tenía delicado oydo,
porque oye mucho; y yo supe de una cabra que criava (a) un niño huérfano, y al punto que
llorava venía del monte a darle de mamar. (…) Las cabras que no tienen cuernos dan más
leche; y los cuernos quemados son buenos para sahumerios para las que tienen mal de
madre.

23 febrero, 2013 at 18:42
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diario

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Cabestro.
Cornudo, cabrón consentido a quien su mujer gobierna y manda. Es uso metonímico de la acepción
principal: “ramal o soga de cáñamo con que se ata a la bestia para reducirla y controlar su movimiento”.
Es insulto muy corriente en los siglos de oro, que utiliza Quevedo en letrillas satíricas como ésta:
Tendrá la del maridillo,
si en disimular es diestro,
el marido por cabestro
y el galán por cabestrillo.
Cabezón, cabezota.
Terco, obstinado; persona testaruda y porfiada, que no se apea del burro y permanece en sus trece,
salga el sol por donde saliere. Es aumentativo de “cabeza: sujeto que tiene la cabeza muy grande y
desproporcionada, también llamado “cabezorro, cabezudo”. En los siglos de oro se empleó la voz
“cabezudo”; Fray Luis de Granada lo emplea así: “…Pertenece al hombre no ser porfiado o cabezudo”.
Cabra.

23 febrero, 2013 at 18:41
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Mucho cacarear su celibato; y obedece la ley de una buscona que ayer fue propiedad
de un maragato…

23 febrero, 2013 at 18:40
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Buscón.
En el género masculino, se dice de la persona que anda de un sitio a otro viendo la manera de vivir
sin trabajar, cometiendo pequeños robos, y trampeando con malicia y socaliña. Quevedo, en la Vida del
Buscón don Pablos, escribe: “Mirábanme todos; cuál decía: “Este yo lo he visto a pie”; otros (decían):
¡Lindo va el Buscón…!.”.
Buscona.
En su forma femenina, es sinónimo de ramera o mujer pública; término muy del gusto de los siglos
de oro. Bretón de los Herreros lo emplea así, mediado el siglo XIX:

23 febrero, 2013 at 18:39
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diario

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Bodoque.
Individuo de pocos alcances y aspecto rústico. Se utiliza en sentido figurado, teniendo in mente su
acepción principal: “bola de barro endurecida que se empleó antaño para tirar con la ballesta”. El término
aparece documentado en un libro de Cetrería del siglo XV, y aunque es de procedencia árabe, de la voz
bunduq, el vocablo es de estirpe griega, en cuya lengua la nuez pontikón remite al Ponto o Mar Negro,
por ser oriunda de allí. El bodoque o bola de barro endurecida, se parece a esa nuez en tamaño, color y
aspecto semejante a una cabecita parda. Como la persona de poco entendimiento es dura de mollera como
el bodoque, la cabeza del necio se asemeja a la nuez o avellana en dureza y tamaño, empleándose el
término en sentido figurado. Por asociaciones de esa naturaleza pudo llamarse al simple de corto alcance,
bodoque. Era término en uso todavía a finales del siglo pasado. Bretón de los Herreros lo emplea en obras
como El pelo de la dehesa, donde un personaje exclama, dirigiéndose al simple: “¡Miren al bruto…! ¡El
bodoque!”. Y todos ríen, incluido el aludido, que es de alma rústica y poco complicada.

23 febrero, 2013 at 18:37
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