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diario

said

Asno, asnejón.
Se dice de la persona ruda y de muy poco entendimiento; burro; animal; sujeto ignorante y
primitivo. Es voz latina:
asinus
= asno, documentado ya hacia el año 1000. En cuanto a “asnejón”,
aumentativo despectivo muy usado en la Edad Media, es de creación paralela a “salvajón, alimañón,
acemilón”. Lucas Fernández (siglo XV), emplea así el término:
-¡Oh qué gentil badajada!
(…) Pues, sabéys, don bobazo, bobarrón…
-¡Oyste, asnejón! Pues
peygayuos a mi hato.
El mundo antiguo lo relacionó con zafiedad, rusticidad y simpleza, en contextos despectivos en el
ánimo del hablante, que tuvo de él una visión negativa por el tamaño de su órgano genital y apetito sexual
desenfrenado. A esto se unió la costumbre egipcia de representar al hombre necio, de servil condición,
con figura humana rematada en cabeza de asno. La rudeza de su trabajo, su supuesta obsesión lasciva lo
asemejaron al campesino que nunca salió de su entorno y no aprendió gran cosa. El mundo romano creó
el dicho
asinus fricat asinum
: “un asno frota a otro asno”, para tildar de pedante, pretencioso o ignorante a
quienes entre sí se dedican lindezas. A lo dicho se une su fama de terquedad. En el sentido de persona
ruda y de poco entendimiento utiliza el término Sebastián de Horozco, (primera mitad del siglo XVI) en
un
Entremés Que hizo el autor a ruego de una monja:
Pregonero: Asnos ay que bestias son.
Villano: Si, pardiós,
de aquesos ay más de dos.

21 febrero, 2013 at 12:18
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diario

said

As.
Sorprenderá al lector encontrar entre insultos, injurias e improperios un término como éste, hoy
laudatorio y positivo, sinónimo de número uno, de campeón y de hombre triunfador y de éxito. Pero no
siempre fue así. El término ha sufrido un desarrollo semántico opuesto al sentido que tuvo antaño. En los
siglos de oro, tachar a alguien de “as” era tanto como llamarle asno. Covarrubias escribe en su
Tesoro de
la Lengua
(1611): “Entre gente plebeya, cuando dicen: Sóis un as, se entiende estar la palabra truncada,
decirle asno.”De hecho, ésa es la acepción más antigua de “as”, y así se mantuvo hasta el primer cuarto de nuestro
siglo. El término tiene, amén de lo expuesto, otro uso en los ámbitos de la prostitución: el as de bastos,
otra forma de llamar al pene; y el as de oros, al trasero: “Que en teniendo yo estos naipes me sobra el
resto de la baraja.. “, se lee al pie de un dibujo que muestra a un sodomita paciente siendo penetrado por
un “dante” (sujeto que en el acto de la sodomía toma el papel activo), en un juego de cartas erótico

21 febrero, 2013 at 12:16
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diario

said

Arrastracueros, o rastracueros.
Rico ostentoso; persona que hace alarde de riquezas, pasando por las narices de todos lo granado de
su condición económica. Advenedizo a la riqueza, nuevo rico y
snob
. Sin embargo, el primer sentido del
término fue todo lo contrario: persona mísera, que arrastraba su desnudez material y moral. (Véase
rastracuero).Arrastra(d)o.
Rastrero; sujeto vil y despreciable, capaz de vender su alma al diablo; individuo que ha perdido
todo resto de dignidad, y carece de honra o estima social alguna. También se dice del pícaro, tunante o
bribón; persona perversa e infame, capaz de toda villanía. Juan Valera usa así el término, en la segunda
mitad del siglo XIX: “Mira, arrastrado; mira al teólogo ahora, y en vez de burlarte quédate patitieso de
asombro”.

21 febrero, 2013 at 12:15
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diario

said

Arrabalero.
Persona que en su porte y lenguaje da muestras de ordinariez y grosería. Se dice teniendo
in mente
la acepción principal del término: habitante de los arrabales de la ciudad, o suburbios, por entenderse
equivocadamente antaño que en los barrios bajos la gente tenía menor delicadeza en el trato, e inferior
calidad humana. Ya en tiempos de Cervantes, y antes en los del emperador Carlos V, se decía que quienes
poblaban esa parte de la ciudad en los extramuros, eran “gente común y de bullicio, que por más libertad
de su trato viven fuera…”. Los arrabaleros, pues, tuvieron ya entonces fama de ruidosos, levantiscos y de
conducta montaraz y desarreglada. Hoy es insulto liviano, mezcla de los contenidos semánticos de voces
como “ordinario, tosco y desvergonzado”. Se dice en particular de las mujeres, por suponer que conviene
a ellas una mayor finura en el trato, llamando más la atención, en ellas la carencia o ausencia de modales.
Suele abreviarse en “rabalero, -a”, aféresis de “arrabalero”, aunque no es lo más corriente.

21 febrero, 2013 at 12:14
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diario

said

Si habla de flores, soy áspid;
si de fieras, basilisco;
si de aves, soy arpía;
si de peces, cocodrilo.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX equivalió a mujer de mala condición; en nuestro siglo es tanto
como bruja e incluso demonio. No sorprende esta visión. Las arpías o harpías, eran monstruos fabulosos,
hijos de Neptuno y la Tierra, sumamente voraces, con rostro de mujer, cuerpo de buitre, garras en pies y manos, y para completar la imagen: unas grandes orejas de oso. En tiempos de Miguel de Cervantes eran
tenidas por bestias aladas, rapaces e insaciables, símbolo de usurpadores y usureros, de quienes por malas
artes aspiran a hacerse con las haciendas ajenas, o de aquellas mujeres que a cambio de sus favores
arruinan y desbaratan las casas de los ricos de poco seso. También se dijo, y se dice, de las rameras que
despluman a quienes de ellas se encaprichan, sentido en el que emplea el término Cristóbal Suárez de
Figueroa, en
El pasagero
(primer cuarto del siglo XVII): “…como corrupción de la República me
apestaban el gusto estas inmundas harpías, estas infames tusonas…”.

21 febrero, 2013 at 12:13
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diario

said

Animal de bellota.
Es forma atenuada de llamar a alguien “cerdo”. Con el predicado “de bellota” se quita hierro o
fiereza al cochino marrano merecedor del calificativo. Otros piensan que la voz “animal” sube de tono
tornándose más ofensiva e hiriente, ya que entra en el terreno del “cerdo”, cuyo mundo evoca. En este
caso, a la persona sobre la que recae el insulto se le tilda de muy baja y ruín en su proceder. (Véase
“cerdo”).
Arpía.
Persona perversa y de genio endemoniado; fiera sucia y cruel. Es calificativo fuerte, dirigido
exclusivamente a mujeres. Su uso en castellano data de principios del siglo XVI, desde entonces con
significado casi idéntico al que hoy tiene. Diego de Funes, (siglo XVI) se refiere a ellas como
“robadoras”, causadoras de males con sus manejos e intrigas. Pedro Calderón de la Barca (mediados siglo
XVII) las convierte en lo peor de su especie, lo peor que se puede ser en cada caso

21 febrero, 2013 at 12:10
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diario

said

Animal.
Como insulto suele acompañar a “burro”, a modo de reforzamiento: “Burro animal”, con lo que la
ofensa multiplica sus posibilidades. Como en el caso de “bruto”* o “cafre”*, se apela a la irracionalidad
de la conducta de aquél a quien se dirige. Son numerosos los refranes, frases hechas y proverbios donde la
voz “animal” puede encontrarse formando parte de los mismos: “El mayor mal de los males es tratar con
animales”.
Por su parte escribe Covarrubias, en su
Tesoro de la Lengua
, (1611): “…Vulgarmente solemos decir
animal al hombre de poco discurso”. El calificativo afecta más a la conducta que al entendimiento. Un
individuo merecedor de ser tildado así puede ser persona de largo discernimiento, y quedarse corto en una
actividad concreta de la vida de relación, como el juego o el amor.

21 febrero, 2013 at 12:08
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diario

said

Analfabestia.
Se dice de la persona sumamente tosca y embrutecida, que a su ignorancia de cosas elementales,
como la lectura o la escritura, une espíritu cerril y zafio. Se usa con ánimo de insultar, siendo calificativo
humillante y denigratorio, sobre todo dirigido al individuo cuyo aspecto y conducta parecen hacerle
merecedor del improperio. Es voz de formación reciente, compuesta de “analfabeto: sujeto que desconoce
el alfabeto”, y “bestia”*.
Analfabeto.
Persona poco instruida, que ignora el alfabeto. Es de etimología latina, a través de las dos primeras
letras del alfabeto griego “alfa, beta” + la partícula negativa
an-
. Es voz usada a principios del siglo XVII
sin carga ofensiva, ya que el acceso a la lectura estaba a la sazón poco generalizado. Hoy es voz
insultante, siendo su contenido semántico el de “sujeto ignorante y zafio, incapaz de entender las cosas, y
carente de sensibilidad, delicadeza y finura”. La proximidad entre los sonidos de las dos sílabas últimas y
el vocablo “bestia” dio lugar al compuesto mostrenco “analfabestia”*.

21 febrero, 2013 at 12:06
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diario

said

Amorfo.
Que no tiene forma reconocible; contrahecho o deforme. Es término muy ofensivo y humillante
dirigido a mujeres, en cuyo caso connota carencia de cintura o cuello, cuerpo masivo y amazacotado, sin
atractivo físico. Con el significado descrito es término de uso reciente, muy hiriente cuando dicho a
chicas con propensión a la obesidad. Entre sus usos escritos recientes, reseñamos el siguiente chiste
publicado de manera particular, y sin firma (Feria del Libro,1995):
A cierto marido aburrido y hastiado de su mujer, le dice ésta, queriendo iniciar un
mood
romanticoide: “Paco, dime algo cariñoso, dime algo con amor…”, y éste, que no sale
de su asombro al ver a la foca de su parienta en plan tan cursi, le espeta lo siguiente:
“¡Amooorfaaa…! “.

21 febrero, 2013 at 12:05
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diario

said

que el hombre se desatina,
mesuráos en vuestro amblar
que por mucho madrugar…”
El verbo en cuestión pasó a denotar el meneo peculiar que toma el cuerpo al hacer el amor,
tornándose por ello en voz obscena, apartada del uso decente; y ambladora se convirtió en sinónimo de
“jodedora”, puta, mujer cualquiera
Ambrosio (carabina de).
Individuo simple, un tanto bobalicón, que adoptando actitudes de fiereza se ve en seguida que no es
capaz de llevar a cabo sus bravatas. Ser alguien o algo “la carabina de Ambrosio” es tanto como no servir
para cosa alguna. Suele añadirse, para expresar el colmo de la inutilidad, la circunstancia o coletilla:
“colgada de un clavo”. La frase originó por cierto tonto eminente que cargaba la carabina con cañamones
y sin pólvora, por lo que naturalmente, metido a atracador nadie se lo tomaba en serio. El personaje es
histórico: un labriego sevillano de finales del siglo XVIII, a quien no yéndole bien las cosas en el campo
quiso probar fortuna echándose al monte. Debido a su buen natural tuvo que dejar el bandidaje, y de
vuelta a su pueblo la gente hizo chanza de él, y lo tomó a chirigota, naciendo el dicho. “Ser la carabina de
Ambrosio” se empleó en el sentido de no servir algo o alguien para mucho. Ambrosio no era tonto, sino
incapaz de hacer daño; se pasó siendo bueno, y eso casi siempre acarrea reputación de bobo; enseñaba los
dientes, pero no mordía; amagaba, y no daba.

21 febrero, 2013 at 12:03
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diario

said

Se emplea en sentido figurado, teniendo presente el significado o acepción principal, que es el de
“pasta de azúcar cocida y estirada en barras retorcidas”. En cuanto a su etimología, procede del árabe
fanid
= dulce de azúcar, golosina que solía darse a los niños enclenques o enfermizos, de salud precaria
según Covarrubias en su
Tesoro de la Lengua
(1611), quien amparándose en Diego de Urrea asegura que
“al que es muy delicado dezimos comúnmente ser hecho de alfeñique”. Hoy apenas tiene uso, pero se
sigue escuchando en ámbitos familiares, con ánimo más caritativo y compasivo que insultante.
Ambladora.
Ramera; mujer que mueve lúbricamente el cuerpo para llamar la atención de los hombres; mujer
que contonea su cuerpo, haciendo al andar movimientos afectados con hombros y caderas. El verbo y
sentido del que deriva el término lo ilustran en cierta
Canción a una mujer que traía grandes caderas
,
Antón de Montoro, (mediados del siglo XV):
“Gentil dama singular, (…)
mesuráos en vuestro amblar,
que por mucho madrugar
no amanece más aína.
Las nalgas baxas, terreras,
mecedlas por lindo modo,
poco a poco, y no del todo
el traer de las caderas;
y al tiempo de desgranar

21 febrero, 2013 at 12:02
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diario

said

que tuve siendo estudiante en París, el cual una mañana (…) se fue derecho al hogar,
Alcornoque.
Individuo bruto y desmañado; sujeto zafio, de gran tosquedad y rudeza. El poeta romántico Ventura
de la Vega, (mediados del XIX), utiliza el vocablo en su acepción insultante: “¡Hombre, Zapata es un
alcornoque…!”. La acepción peyorativa de “alcornoque” en su sentido figurado estaba presente en el
nombre mismo del árbol, puesto que el sufijo latino
“-occus”
alude a la tosquedad de su corteza, y por
extensión a la de los individuos de quienes se dice o predica.
Alfeñique.
Persona quejumbrosa, delicada de cuerpo y de ánimo apocado, remilgado y redicho, que busca
paliar lo menguado de su aspecto con lo atildado de su apariencia. (Véase también “melindres”). Gaspar
Melchor de Jovellanos, (finales del siglo XVIII) entiende así el término: “¿Será más digno de tu gracia,
Arnesto, un alfeñique perfumado y lindo, de noble traje y ruines pensamientos…?”.

21 febrero, 2013 at 11:58
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diario

said

Aguafiestas.
Sujeto que perturba cualquier diversión; malasombra que incomoda y molesta; metepatas que
impide que otros disfruten de la fiesta, cayendo como un jarro de agua fría sobre las ganas de regocijo de
los demás. Es término compuesto, en el que el verbo soporta la base del significado, ya que aguar
equivale a frustrar, turbar o interrumpir una ocasión festiva, jocunda y alegre. Se tiene
in mente
la acción
de aguar el vino, bebida propiciadora de alegría y diversión, acción que contribuye a rebajar sus efectos,
dando así al traste con las posibilidades de regocijo. Alonso J. de Salas Barbadillo, en
La hija de la Celestina
, (principios del siglo XVII), usa así el verbo aguar: “Si el vino se estima en cuanto es puro,
generoso y vivificante, ¿para qué aguarlo y volverlo zupia… (inútil y despreciable)?”.
Sebastián de Covarrubias utiliza esta palabra en el sentido que aquí expresamos. Hoy sigue en uso.
Puede llegar a ser insulto grave en su acepción de gafe, persona por cuya mera presencia se van las cosas
al garete

21 febrero, 2013 at 11:56
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diario

said

Ese es su uso más corriente en los siglos XVI y XVII, en los que “hablar adefesios” es tanto como
hablar por hablar, decir tonterías, o sacar la lengua de paseo sin ton ni son. Juan Valera, en su novela
Pepita Jiménez, (segunda mitad del siglo XIX) da este otro uso al término: “Pues qué, me digo: ¿soy tan
adefesio para que mi padre no tema que, a pesar de mi supuesta santidad (…) no pueda yo enamorar, sin
querer, a Pepita?”.
Agrofa.
Ramera, puta buscona. Forma jergal para nombrar a este tipo de mujeres golfas y perdidas en los
siglos de oro (XVI y XVII). Juan Hidalgo, en su
Vocabulario de Germanía
(1609), así como en
Romances de Germanía, da cuenta del uso que el vocablo tenía en su tiempo, y trae el siguiente par de
versos donde usa el término:
“Guarte de agrofas coimeras
que buscan nuevos achaques”.

21 febrero, 2013 at 11:54
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diario

said

“No puedo tener la risa siempre que me acuerdo de un mozo torpe y dormilonazo
adonde estaba un gatazo (…) y le plantó un palillo de azufre, por donde súbito le saltó el
fiero animal al rostro y le rascuñó toda la cara, no sin grandes gritos del acemilazo….”
Más próximo a nosotros en el tiempo, el dramaturgo riojano Manuel Bretón de los Herreros,
(mediados del siglo XIX), añade al término cierto matiz propio del zote:
“¿Qué ha de llorar ni temer
una acémila asturiana,
sin miras para mañana
y sin recuerdos de ayer?”
Adefesio.
Persona ridícula, que va extravagantemente vestida; también, sujeto que se permite dar consejos,
hablando sin ton ni son, y sin que nadie le haya pedido parecer, siendo sus consejos descabellados y fuera
de lógica; que va hecho una facha. Por lo general se admite como etimología el sintagma latino
ad
Ephesios
, alusivo a la epístola paulina a los ciudadanos de aquella ciudad del Asia Menor. No hay
dificultad en eso, pero sí en el significado y porqué de la frase. En el
Viaje de Turquía
, su probable autor
Cristóbal de Villalón, (mediados del siglo XVI) emplea así el término: “Para mi tengo, (Pedro) que eso es
hablar
ad efesios
, que ni se ha de hacer nada deso, ni habéis de ser oydos”.

21 febrero, 2013 at 11:52
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