que fuere; especie de bestia de albarda. En los siglos de oro se decía del hombre disforme de cuerpo, y de
pasó por loco insigne, diciéndose hoy de quien da muestras de imbecilidad que es “más tonto que
muy escaso entendimiento. El médico segoviano, Andrés Laguna, en su
nos encontremos ante el precursor del riego por goteo, y debieramos levantarle un monumento. En su día
Abundio, que en una carrera en la que corría él sólo llegó el segundo”.Acémila.
Animal; se dice por extensión del mulo de carga, en particular el macho; asno, sujeto rudo,
primitivo y tosco. En tono jocoso, se predica de quien es tan fuerte como bruto, capaz de cargar con lo muy escaso entendimiento. El médico segoviano, Andrés Laguna, en su
nos encontremos ante el precursor del riego por goteo, y debieramos levantarle un monumento. En su día
Abundio, que en una carrera en la que corría él sólo llegó el segundo”.
(mediados del siglo XVI) emplea la acepción insultante del término en forma superlativa:
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Abrazafarolas.
Vivalavirgen; variedad del Juan Lanas; sujeto irresponsable a quien lo mismo da ocho que ochenta.
Tiene rasgos del adulador lameculos, del simplón y del donnadie; su conducta está dirigida a un solo fin:
no molestar a quien considera su amo. Es voz descriptiva, ya que el análisis de la imagen que proyecta
retrata gráficamente al individuo a quien se dirige. Tiene puntos de contacto con el borrachín, el
juerguista y el calavera que harto de vino no gobierna sus pasos ni entendederas. Aunque no está recogido
por los diccionarios al uso, es término muy difundido, sobre todo en tertulias radiofónicas de carácter
distendido y deportivo. (Véanse también “Vivala-virgen, Juan Lanas”).
Abundio.
Ser más tonto que Abundio es paradigma de insensatez, cerrazón y cortedad de entendimiento.
Parece que el personaje existió entre los siglos XVII y XVIII en Córdoba, donde protagonizaría alguna
solemne tontería parecida a la de Ambrosio y su carabina*, aunque de naturaleza distinta, ya que a
Abundio se le achaca el haber pretendido regar “con el solo chorrillo de la verga”, con apenas agua, un
cortijo, empresa descabellada, a no ser que pretendiera regar otros campos metafóricos con el aparejo
citado, en cuyo caso distaría mucho de merecer la fama que el tiempo le ha asignado
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AA
borto.
o monstruosa de la naturaleza. Puede connotar merma intelectual que afecta a la
calle, donde cursa con “feto, mal hecho, mal parido, mal cagado, malogrado, que se quedó en agua de
borrajas, o en cierne’” En cuanto a su etimología, deriva del verbo abortar, que a su vez procede del
término latino
oriri
aboriri
= levantarse, nacer. El substantivo empezó a utilizarse a finales del siglo
XVI, aunque el término “abortón” ya era utilizado en el XIII (Fuero viejo de Castilla, y Fuero de
Navarra). El uso ofensivo de “aborto” ya se daba en el asturiano antiguo, lengua medieval en la que
“albortón” tenía el valor semántico de feto de cuadrípedo; cosa mal hecha, o malograda; animal de
desarrollo incompleto, y por extensión: persona defor me, tanto física como mentalmente.
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que el rastro de luz que deja la maldad sobre el espíritu de los inocentes,
deslumbrándolos durante un instante, sea fugaz como el del cometa que brilla un momento
en la noche y ya no regresa jamás. Amén”.
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Sonríe si te reconoces a ti mismo en alguna de estas voces, y pon remedio; y sonríe también, compasivo,
si reconoces a alguno de tus vecinos, allegados o amigos que dejaron de serlo o siguen siéndolo, como yo
hago ahora pensando en tantos como han pretendido hacerme daño sin conseguirlo ciertamente. No olvides que injuriar no está al alcance de cualquiera, y que a veces es cierto el dicho ciceroniano:
Accipere quamfacere praestat iniuriam
; que en castellano vale: “Mejor cosa es sufrir el insulto y padecer
una injuria, que hacerla uno”. Sócrates, habiendo recibido en cierta ocasión un insulto, seguido de
puntapié, exclamó, no dándose por aludido: “¿Acaso si me hubiera dado una coz un asno, me enfrentaría
a él…?”.
Así pues, lector amigo, que tienes en tus manos este libro, di conmigo esta breve oración que he
compuesto ante el auge e incremento desmedidos que en nuestro tiempo están tomando la imbecilidad
torpe y la malicia malsana:
“Señor, haz
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en forma de
palabras y palabrotas, cantos rodados de la historia de la lengua y sus hablantes. Hombres y mujeres a
quienes esa distinción de sexo ha condenado a menudo a la sordidez y a la miseria: los insultos,
improperios y agravios relacionados con la sexualidad son numerosos y acerados. Mujeronas aguerridas,
y mujerucas olvidadas en los meandros y recodos del río de la vida; muchachos desamparados, pobres
pícaros y randas al servicio de reinonas, caciques y capitostes del hampa y la mala vida. También ha
generado insultos el hambre, que aguzó el ingenio haciendo al hombre avispado, para que pudiera
aprovecharse de quien no lo es tanto. Nutrida tropa es la de los gorrones, parásitos y chivatos, sablistas y
mangorreros, jaques y valentones, chulos y rufianes…, porque el hombre ha hecho siempre lo imposible
por vivir de los demás, llevando en el pecado la penitencia del insulto, forma lingüística de rendir cuentas
ante la sociedad. Mucho de cuanto la historia ha creado en forma de insulto, está aquí, lector amigo.
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El día de fiesta por la tarde
,
publicado a mediados de 1664, donde se lee: “¡Oh dulcísimo sabor el del escarnio ajeno…! Gustamos de
los defectos de los otros, porque parece que quedamos superiores a ellos…”.
Y más negro pelaje es, aún, el de la ofensa que se centra en el honor, en la conducta, en el
pensamiento, en el convivir, que retratan al individuo que abusa de sus semejantes, haciéndoles daño de
forma gratuita; sujetos que para asomarse al otro lado de la valla y así sobresalir ellos, y para que los
vean, se sustentan sobre las espaldas o los hombros de los demás, a los que luego ignoran e incluso
zahieren. Es ahí donde sale a la luz lo más obscuro del hombre, su capacidad más granada para hacer
daño.
Encontrará el lector amigo en esta mezcla de inventario y diccionario histórico del insulto
castellano, el calificativo para todo tipo de conducta miserable, mezquina y deshonrosa. Toda suerte de
ladrones y maridos aparentemente engañados; chulos destemplados; soberbios montaraces; granujas
disculpables; pobres hombres arrinconados por la vida, que han hecho el ridículo a su pesar. Por aquí
desfila, enseñando sus bilis y lacras, el nutrido y abigarrado batallón de las miserias del alma
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El
animus insultandi
hispánico se
explaya o acomoda mejor cuando se trata de ofensas o achaques, de improperios y agravios de otra
naturaleza. El ingenio ibérico brilla y se luce cuando arremete contra el marido engañado, o se mete con
el desviado sexual. Peor cariz toma el insulto que nace de creerse uno mejor que otro, o de creer a otro
peor que uno; la peligrosa ofensa de connotaciones racistas o xenófobas, en que se tiene en cuenta el color
de la piel, los factores sanguíneos, la religión o la cultura. Siempre me ha sorprendido la forma de
insultarse gravemente que tienen ciertas tribus bereberes, entre cuyos aborígenes cuando alguien quiere
agraviar a otro le llama con asco
haddad ben haddad
, sintagma que en árabe no significa nada
particularmente grosero: “herrero, hijo de herrero” ; sin embargo, la ofensa estriba en que el oficio
descrito era sólo desempeñado en el sur de Marruecos, y el
sahel
u orilla del desierto por los indígenas del
Sahara, despreciados como parias, a pesar de que también ellos eran seguidores del Profeta y observaban
su ley, y la del libro sagrado del Corán. Tremendo cariz toma el alma de quien se complace en contemplar
el escarnio ajeno, como apunta Juan de Zabaleta en su curioso librito
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abigarrada tropa de memos, imbéciles, alelados, bobos, estúpidos y gilipollas, todos los cuales han hecho
alarde a lo largo de sus vidas más que de su malicia, de su innata torpeza y limitación intelectual. A esa
limitación de la razón alude la lengua alemana cuando habla del
tunte
; o el húngaro, cuando describe al
bobalicón y palurdo, a quien denomina
tandi
. Los clásicos griegos se referían a los tontos con la voz
aglaros
, por su aspecto embobado de eterno deslumbramiento. Habitan el campo semántico del tonto
especímenes y personajillos como Abundio y Pichote, Cardoso y el cojo Clavijo, Perico el de los Palotes,
Panarra y Pipí, el tonto de Coria, el del Bote, el de Capirote, acompañados por el genial tontaina que tuvo
la ocurrencia de asar la manteca, o el tonto bolonio que creyéndose una lumbrera se pasaba de listo.
Pero no es en esta limitación de las facultades del espíritu donde únicamente se ceba con su dura
carga semántica la voz ofensiva, el término insultante, la palabra injuriosa. No es el mentecato, el bobo o
el imbécil lo único que reluce. Es más: los insultos que apelan a la cortedad del ingenio, o carencia
absoluta de luces son los menos graves, por ser a menudo los más obvios; como también lo son
seguramente los nacidos de la mitomanía o la necesidad de mentir
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El refranero, por su parte, asegura como dogma de fe que cada lunes y cada martes hay tontos en
todas partes. Y es verdad. Como también es infinito el modo de manifestarse la tontez, tontuna o tontería,
que no es sino la calidad o ejercicio de este arte inútil. En castellano, el número de frases hechas o
expresiones adverbiales con protagonismo suyo es grande. El tonto ha dado en ser paradigma del insulto
leve. Como sujeto inofensivo e inocuo, al tonto hispánico, como el
tondo
, el
minchione
,
rintontito
o mero
stùpido
italiano, sólo se le achaca lentitud de entendimiento. La voz en cuestión es término paradigmático
del insulto y del agravio en todos los idiomas y en todos los tiempos, siendo atemporal y universal su
presencia. No hay lugar ni momento de la historia que no haya contado con un nutrido escuadrón, con una
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crece, por lo que su número es infinito. El sabio rabino de Carrión, Shem Tob, en sus
Proverbios morales
,
mediado el siglo XIV, se hace eco de esa misma realidad, y utilizando la voz “torpe” como sinónimo de
necio, afirma:
Que los torpes mil tantos
son (más) que los que entyenden,
e non saben en quantos
peligros caer pueden.
Cuenta Melchor de Santa Cruz, en su
Floresta Española
, que cierto caballero que reñía con un
hombre tenido por necio, dijo a éste cuando iba a darle en la cabeza con una maza de majar, que llaman
majadero: “Tenéos, que sóis dos contra uno”. Y Baltasar Gracián, en su Oráculo manual, asegura: “Son
tontos todos lo que lo parecen, y la mitad de los que no lo parecen”.
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Introducción
El insulto, como de su etimología se desprende, es siempre un asalto, un ataque, un acometimiento.
Es término derivado de la voz latina
assalire
: saltar contra alguien, asaltarlo para hacerle daño de palabra,
con claro ánimo de ofenderlo y humillarlo mostrándole malquerencia y desestimación grandes, y
haciéndole desaire.
Debemos distinguir en él tres grados. La insolencia, mediante la cual perdemos a alguien el respeto,
siendo acto que puede llevarse a cabo de palabra, de obra, e incluso por omisión, mediante un gesto, una
mirada, un silencio, con lo que exteriorizamos desdén y desaprecio. El improperio, que es injuria de
palabra, sinrazón que se le hace a alguno sin justicia ni causa, mediante dicterios y achaques en los que
echamos a alguien en cara lo que él quería mantener en secreto, o cuya divulgación buscaba impedir. Y la
injuria, ultraje verbal o de obra, mediante maltrato o desprecio. El insulto inmerecido, cuando no hay
razón para el improperio, es ofensa. Cuando el insulto hace honor a la realidad del insultado, más que
ofensa es falta grave a la caridad con que debemos acoger a las personas.
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Por lo general, el
animus
insultandi
, o voluntad maldiciente aflora en el temperamento hispano en ambiente y caso jocosos, para
hacer gracia de alguien a fin de reírse todos de él; es una de las formas más fértiles de mostrar el ingenio
quien lo tuviere, y de enseñar su mala índole o mala baba quien es radicalmente malo y cruel.
La tradición hispánica, y su experiencia en relación con el amplio y complejo mundo del insulto, la
singularidad de sus tontos, pícaros y mentecatos, bobos, truhanes y necios de todo pelaje, es numerosa y
abundante en palabras y frases, en casos y anécdotas graciosas que han pasado a la historia no oficial, a la
historia pequeña, menuda y popular. De esa riqueza extraeremos los insultos más sonoros y gráficos, más
extendidos, populares antaño, algunos olvidados hogaño, todos exultantes de vida expresiva.
Recalaremos, asimismo, en algunos personajes y bobos de renombre que han pasado a la lengua
cotidiana; tontos insignes en su tontería, cuyas hazañas han quedado plasmadas en breves comparaciones
populares. Son muchos, y seguramente no están todos los que fueron. Pero sí los que más hondo calaron
en el ánimo popular.
Como la
Biblia
afirma, en lo que a los tontos respecta, cada día que amanece el número de bobos
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La cajera le responde:
Lo siento, pero no podemos venderle comida para gato sin que compruebe que tiene un gato. Muchos ancianos compran comida para gatos y luego, por necesidad, ellos mismos se la comen. La gerencia necesita una prueba de que realmente usted tiene un gato.
La anciana se va a su casa, toma a su gato, lo mete en un maletín y regresa al supermercado para comprobarlo. Le venden las latas.
El dia siguiente, la misma viejita va al súper y compra 12 galletas para perro. La cajera le exige la prueba de que tiene un perro, aduciendo que muchos ancianos llegan a comerse la comida para perro. Frustrada, la viejita va a su casa y regresa con su perro; al fin, le venden las dichosas galletas.
Un día después la señora regresa al súper, y lleva una pequeña caja con un hueco en la tapa. Al entrar, se acerca a la cajera y le pide que meta un dedo en el hueco de la tapa. La cajera dice:
No… quizá usted tenga ahí una serpiente.
La anciana le asegura que en la caja no hay algo que muerda. Entonces, la cajera mete el dedo… e inmediatamente lo retira y le grita a la viejita:
¡ESTO ES MIERDA!
La viejita, con una sonrisa de oreja a oreja, le dice a la cajera:
Es cierto, querida. Y ahora…
¿PUEDO COMPRAR CUATRO ROLLOS DE PAPEL HIGIÉNICO?
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El hombre es la criatura que Dios hizo al final de una semana de trabajo, cuando ya estaba cansado.”
“El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena.”
“Nunca dejes que los que sueñen te hagan cambiar.”
“La mejor manera de alegrarte es intentar alegrar a alguien.”
“¿Por qué nos alegramos en las bodas y lloramos en los funerales? Porque nos somos la persona involucrada.”
“Cumplamos la tarea de vivir de tal modo que cuando muramos, incluso el de la funeraria lo sienta.”
Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa.
Para Adán, el paraíso era donde estaba Eva.
Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda.
El 28 de diciembre nos recuerda lo que somos durante los otros 364 días del año.
La buena educación consiste en esconder lo bueno que pensamos de nosotros y lo malo que pensamos de los demás.
Hay muy buenas protecciones contra la tentación, pero la más segura es la cobardía.
Cuando era más joven podía recordar todo, hubiera sucedido o no.
El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir.
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