hormigas
|habia una vez cinco hormigas exploradora y una era el jefe y una le pregunta al jefe donde vamos a ir a campar hoy al cuerpo de una mujer y se van tu a las cuevas ke eran los oidos tu a las montañas ke eran las tetas tu al poso ke era el ombligo tu al sanjo negro ke era el culo y tu al boske ke era la vagina y al dia siguiente les pregunto como durmiero el de las cuevas dijo vieras jefe ai no se podia ni caminar , el de las montañas jefe ai a cada rato se tambaliaba , el de el poso tu como durmisti vieras jefe ai trague pura agua , el de el sanjo negro como durmio vieras jefe ai eran unos viento y el del boske vieras jefe yo no no dormio nada las 24 horas del dia por ke pase peliando con una anaconda
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Tres amigos En el Desierto
|Habian Tres amigos en el desierto a 3 Dias del agua y montanas y los tres estaban muertos de la sed y se encuentran una lampara y la frotan y sale un mago y dice Les consedere 3 deseos el primero dice yo quiero ser blanco el segundo dice lo mismos y el tercero dice jajajajaj Bobos Ahora yo voy a desear que vuelvan a ser negros
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si senyora de voste que qué?
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Vells i hipocrites ni an molts Mon tio el tio paloma es molt hipocrita si senyora i te huitanta sinc anys
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BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO
(Buenos Aires 1886-1950)
REVELACIÓN
Yendo para la escuela
con las niñas del pueblo,
por coger unas moras
nos subimos a un cerco.
Entre la carretera
y el espinoso seto
la cuneta se ahondaba
toda blanda de berros.
Yo no sabía nada,
de saber era tiempo.
Una de ellas, de pronto,
Esperanza, me acuerdo,
púsose de cuclillas
a hacer aguas al viento.
Casi instantáneamente
yo me quité el sombrero
y lo eché cuesta abajo
camino de los berros.
Me lancé presuroso
tras él a recogerlo,
y al instante de alzarlo
miré hacia arriba, trémulo.
Vi una rosa bermeja,
tanto, que daba miedo,
dos pétalos de carne
abiertos, gordezuelos,
Y un grueso chorro de oro
rectilíneo, violento,
que levantaba espumas
al chocar contra el suelo.
Yo no sabía nada,
de saber era tiempo
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LEOPOLDO LUGONES
(Villa María del Río seco-Córdoba- 1874 – El tigre 1938)
OCEÁNIDA
El mar lleno de urgencias masculinas
bramaba alrededor de tu cintura
y, como un brazo colosal, la oscura
ribera te amparaba. En tus retinas
y en tus cabellos y en tu astral blancura
rieló con decadencia soplinas
esa luz de las tardes mortecinas
que en el agua pacífica perdura.
Palpitando a los ritmos de tu seno
hinchose en una ola el mar sereno
para hundirte en sus vértigos felinos.
Su voz te dijo una caricia vaga
y al penetrar entre tus muslos finos
la onda aguzó como una daga
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JUAN MELÉNDEZ VALDÉS
(Ribera del fresno -Badajoz- 1754 – Montpellier 1857)
LOS BESOS DE AMOR. ODA III
Cuando mi blanda Nise
lasciva me rodea
con sus nevados brazos
y mil veces me besa,
cuando a mi ardiente boca
su dulce labio aprieta,
tan del placer rendida
que casi a hablar no acierta,
y yo por alentarla
corro con mano inquieta
de su nevado vientre
las partes más secretas,
y ella entre dulces ayes
se mueve más y alterna
ternuras y suspiros
con balbuceante lengua,
ora hijito me llama,
ya que cese me ruega,
y al besarme me muerde,
y moviéndose anhela,
entonces, ¡ay!, si alguno
contó del mar la arena,
cuente, cuente las glorias
en que el amor me anega
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FELIZ DEL VALLE SALDAÑA
(Amsterdam 1699-1755)
Entre pilares dos, ambos hermosos,
y aún, otro que a pirámide camina,
se descubre una raya clandestina
que se fine en extremos angulosos.
cuyos umbrales hacen escabrosos.
Por las puntas que digo se termina
denso monte de venus peregrina,
alta cumbre y próstatas turgentes;
mas quien las mírteas moles glandulosas
cultive con cilíndrica estructura
conseguirá, feliz, frutos vivientes
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Ya no suben al cielo, madre, los virgos;
como mueren pequeños, se van al limbo.
Igual que los gigantes son las doncellas,
pues se meten hombres entre las piernas.
A cazar pajaritos iba la niña
y en los pechos del papo llevaba la liga.
Veintidós años tengo; madre, casadme,
que me duelen los dedos de tanto hurgarme.
Si la puerta es chiquita y tres no caben,
entre el uno adentro, los dos aguarden.
Ahora que está dentro me desvalija
y se pone lo mío como sortija.
Bien adentro lo tiene, ¿Por qué se brinca?
Mientras más se menea, más me lo hinca.
No me dé tanto gusto, que daré voces
y sabrán en la calle cómo me pone.
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FRANCISCO DE QUEVEDO
(Madrid 1580-Villanueva de los Infantes 1645)
(ESTABA UNA FREGONA POR ENERO…)
Estaba un fregona por enero
metida hasta los muslos en el río
lavando paños, con tal aire y brío
que mil necios traía al retortero.
Un cierto conde, alegre y pacentero,
le preguntó con gracia: “¿Tenéis frío?”
Respondió la fregona: “Señor mío,
siempre llevo conmigo yo un brasero.”
El conde, que era astuto y supo dónde,
le dijo, haciendo rueda como un pavo,
que le encendiese un cirio que traía;
y dijo entonces la fregona al conde,
alzándose las faldas hasta el rabo:
“Pues sople este tizón vueseñoría.”
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SEGUIDILLAS ANÓNIMAS
(Siglo XVII)
Al pasar el arroyo del Alamillo,
apartando las piernas se fue el virgo.
Como ya no se usan los virgos madre,
uno que yo tenía dile de balde.
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III
(ALZÓ EL AIRE LAS FALDAS DE MI VIDA…)
Alzó el aire las faldas de mi vida
y vi la servillica colorada
y la calcica angosta y estirada,
con un hermoso cenojil ceñida.
Mis ojos fueron luego de corrida
por ver la cosa en fin que más agrada,
pero, de la camisa delicada
les fue la dulce vista defendida.
¡Oh camisa cruel y rigurosa!
¿Por qué no me dejaste ver aquello
en que tan poco te iba que lo viese?
Mas creo debe ser tan bella cosa
que estás tú misma enamorada de ello
y por tanto lo encubres celosa.
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SONETOS ANÓNIMOS
DEL SIGLO DE ORO
I
(A LA ORILLA DEL AGUA ESTANDO UN DÍA)
A la orilla del agua estando un día,
ajena de cuidado, cierta hermosa,
de mirarse su cosa deseosa
por verse sola allí sin compañía,
la camisa se alzó que lo impedía
y, pagada de ver tan rica cosa,
le dijo con voz mansa y amorosa
que de dentro del alma le salía:
“Por vos soy yo de tantos requebrada,
por vos me dan ajorcas, gargantilla,
chapines, saya y manto para el frío.
Un beso quiero daros.” Y abajada
a darle, por estar tan a la orilla,
trompicó de cabeza y dio en el río.
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II
(RAPÁNDOSELO ESTABA CIERTA HERMOSA…)
Rapándoselo estaba cierta hermosa,
hasta el ombligo toda arremangada,
las piernas muy abiertas, y asentada
en una silla ancha y espaciosa.
Mirándoselo estaba muy gozosa,
después que ya quedó muy bien rapada,
y estándose burlando, descuidada,
metióse el dedo dentro de la cosa.
Y como menease las caderas,
al usado señuelo respondiendo,
un cierto saborcillo le dio luego.
Mas como conoció no ser de veras,
dijo “¡Cuitada yo! ¿Qué estoy haciendo?
Que no es ésta la leña de este fuego”
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Coño, no hay otro coño que te valga,
coño montado encima de unos muslos tan prietos
que eres como un escudo, y avisas del asalto.
Lo que hacemos, decimos, lo que nos ocupa,
queremos, prometemos o afirmámos,
es para ornar tan digno coño;
¡todos te adoran de rodillas!
¡Oh, coño, bello coño, golosina exquisita,
coño que harías reír a un moribundo,
yo dejo a aquellos que desean la mano,
la suya que hacia arriba tiende hoy más que mañana,
y a los que se contentan con mirar;
es un gran bien el no tener deseo;
y en el beso les dejo también abandonados,
y estoy contento de quedarme aquí,
justo a tu vera, coño, a tu servicios,
aquél que es más propicio para mí.
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